Segunda Parte. Formación - Compendio de historia del derecho civil en Francia, por François F. Poncelet - Introducción histórica al derecho civil francés e inglés - Libros y Revistas - VLEX 1027328441

Segunda Parte. Formación

AutorFrançois F. Poncelet, William A.S. Westoby
Páginas43-81
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COMPENDIO DE HISTORIA DEL DERECHOCIVIL EN FRANCIA
SEGUNDA PARTE
FORMACIÓN
Sección 1 a.
I. Esfuerzos de la realeza para constituir una sociedad conforme a normas y principios.
No es posible que las instituciones que acabamos de recorrer den al lector la posi-
bilidad de creer en la existencia de un orden político y civil entre los germanos.
Una prueba evidente de la independencia anárquica en la que los germanos
vivían, la dan los esfu erzos de los reyes y de la Igl esia para crear una sociedad
ajustada a normas y principios.
Los reyes colocaron —bajo su protección in mediata— a todos los que estaban
sin protección, esto es, pobres, niños abandonados, etc. 21.
Los reyes aumenta ron su protección sobre los demá s22. Nombraron por sí
mismos a los duques, los condes, los jueces y todos los funcionarios civiles y mili-
tares. Por la institución llamada missi dominici, se hicieron presentes en todos los
lugares de su imperio.
Desembarazaron a las asambleas públicas de una muchedumbre ign orante e
inútil y circunscribieron el examen de los negocios a un comité de los hombres más
poderosos y esclarecidos, los obispos y los señores.
Reformaron las costumbres bárbaras y publicaron numerosas leyes de gran
interés público y privado.
La Iglesia ayudó a los esfuerzos de los reyes y trabajó con ellos en la construc-
ción de un orden civil y político.
Nos han quedado dos especies de monumentos que testimonian los esfuerzos
y la unanimidad de los obispos y los reyes.
En las fórmulas, se aprecia, en un lenguaje llen o de tristeza y de caridad, como
la Iglesia se esfuerza por sustituir las costumbres bárbaras por el derecho romano y
prácticas piadosas.
21 Los efectos de esta protección inme diata consistían en que el rey perseguía en su propio nombre la
venganza de las injurias hechas a sus protegidos, el wergeld que resultaba de esta persecución era
pagado al rey. Si los protegidos morían sin herederos legítimos en línea descendente, sus bienes
pertenecían al rey; los protegidos no podían testar, ni enajenar sus bienes, sin el permiso del rey.
Puesto que, pese a todas estas cargas, semejante protección era sin embargo beneficiosa, piénsese en
la gravedad de las desgracias públicas y privadas que la hacían así de necesarias. [Ver Marc Bloch,
Rois et serfs: un chapitre d’histoire capétienne, París, 1920, 224 p.].
22 Por la extensión del fredum y la posibilidad de permitirlo.
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FRANÇOIS F. PONCELET
En los Capitulares se percibe un enfrentamiento vivo de los reyes y los obis-
pos contra la anar quía de los germanos y sus costumbres todavía salvaj es.
II. Impotencia de estos esfuerzos. Establecimiento del feudalismo en el norte. Conserva-
ción de la libertad en el sur. A pesar de todo ello, los reyes fueron impotentes en sus
esfuerzos. La anar quía original de los ger manos superó los recuerdos de Roma y las
reglas de piedad mística. Como los reyes no podían atraerse a sus funcionarios
civiles y mi litares más que por las concesiones de tierras y de inmunidades, que
disminuían el poder real, se encontraron pro nto incapaces de comprometer a aque-
llos a una fiel sumisión.
1. Los poderosos que ocupaban los beneficios y los empleos públicos, contra-
jeron el hábito de perpetuar, unos y otros, en sus familias, como una propiedad y se
acantonaron por todas partes como soberanos independientes. Entonces reducidos a
los límites del territorio que poseían, los reyes se encontrar on rodeados de rivales
tan poderosos como ellos. Los hombres libres, abandonados en esta república de
señores y no pudiendo protegerse a sí mismos, se sometieron en tropel a los pode-
rosos inmediatos, bajo los cuales se encontraban 23, comprando la vida al precio de
la servidumbre y un protector al precio de un amo. Desde entonces ya no hubo ni
más francos, ni más burgundios, ni más romanos, sino solo los amos bajo los cuales
se amparaban, sumisos y temblorosos, los hombres que habitaban las tierras de
cada uno de ellos.
No hubo más a sambleas gene rales de la nació n, ni más duques, co ndes,
escabinos, etc.; los señores hacían justicia en sus tierras y basaban todo en el des-
igual pa cto que la fuerza pr otectora había dictado a la debilidad sumisa.
Dentro de este gr an cambio de la constitución civil y política de los hombres
y de las cosas, desaparecen todas las leyes bárbaras, quedan do apenas recuerdos,
algunos preceptos, algunos há bitos, algunos instintos modificados y no destruidos.
2. Esto ocurría en el Norte de Francia, porque el Sur había conservado su
independencia y con ella todos los restos de su organización romana, sus munici-
pios, sus leyes, su comercio activo, su cultura intelectual. El Feudalismo se había
establecido pero sin prevalecer contra la libertad municipal que allí existía.
Esta diferencia entre el norte y el sur de Francia, se expres a de una manera
muy significativa por el establecimiento de dos máximas contrarias: en el norte,
donde la esclavitud era la regl a y la libertad la excepción «ninguna tierra sin señor»
y en el sur, lo contrario, porque donde la esclavitud era la excepción y la libertad la
regla general, la máxima fue: «ningún señ or sin título».
III. Esfuerzos de la Iglesia para constituir una sociedad sujeta a normas y pri ncipios. 1.
Sobre el estado ci vil. 2. Sobre la jurisdicción eclesiástica, comprendida la de los clérigos sobre
los laicos de siete maneras. 3. Sobre la superioridad de la jurisdicción eclesiástica. De sus
defectos. 4. Ella fue más tarde el modelo de la jurisdicción real. No debemos omitir, que si
la re aleza fue vencida en sus esfuerzos para la constitución de un orden político y
civil, la Iglesia fue más sa bia y má s h ábil. Ella comenzó la constituci ón civil y
23 Esta sumisión se llamaba una recomendac ión: el hombre libre donaba su persona y sus bienes a su
señor y retomaba su persona a título de vasallo, y sus bienes a título de posesión precaria; la
cualidad de vasallo comportaba servicios personales; la posesión precaria era un usufructo, con la
carga de ventas, inalienable y con frecuencia vitalicio. Pero e l hijo lograba continuar la servidum-
bre y e l usufructo del padre.
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política por su verda dero fundamento, la regeneración del individuo, la pureza de
la familia y la sumisión de las almas a las verdades que elevan y a los deberes que
liberan .
Todos los hombres del pueblo fueron esclavos, pero esta esclavitud, que en el
mundo antiguo marchitaba tan profundamente la virtud del esclavo y de sus des-
cendientes libertos, gracias a la Iglesia cristian a, fue una cruz que los hombres del
pueblo sobrellevaron para merecer la suprema perfección.
Pero la Iglesia, por otra parte, realiz ó tem poralmente un orden civil en la
sociedad feudal.
1. Dio una existencia civil a los individuos, porque, bautizando, casando y
sepultando, añ adió a sus ceremonias relig iosas actas es critas que testimoniaban los
nacimientos, los matrimo nios, las defunciones y todos esos acontecimientos que
hacen y deshacen los hombres, modificando su condición y dando apertura a sus
derechos.
2. Creó una justicia regular, porque, teniendo sobre los clérigos una jurisdic-
ción eclesiástica, la generalizó para ellos y sometió a la misma de diversas maneras
incluso a los laicos.
a. Como las tierras consagradas a Dios o a los santos salían de la competencia
del poder civil, los criminales que perseguidos por la justicia hu mana, venían a
refugiarse en aquéllas, las habitaban bajo el amparo de la misericordia divina.
b. Como los crímenes son ante todo pecados contra Dios, los que venían a
confesarlos a la Iglesia y se sometían a las penitencias que ésta les imponía escapa-
ban por ello de las venganzas o penas de la justicia humana.
Así fue que la Iglesia, no pudiendo dulcificar suficientemente la justicia huma-
na, le sustrajo al azar y sin pensarlo, el mayor número posible de víctimas24.
c. La Iglesia intervenía en las ordalías o pruebas por el fuego, el agua hirvien-
do, etc., y mezclaba sus enseñanzas ponderadas y solemnes con prácticas que, aun -
que reproba das, no podía impedir.
d. Como l a Iglesia asistía a los nacimientos, a los matrimonios y a los decesos,
a los cuales se atenía lo que se consignaba en sus a ctas, ella tenía conocimiento de
todas las impugnaciones civiles, relativas a las cuestiones de estado, acuerdos y
convenios matrimoniales, apertura de las sucesiones, efectos de los testamentos, así
como de las donaciones por causa de muerte.
24 Antiguamente el derecho d e asilo existía, pero consistía solamente en una prohibición, impuesta a
los ejecutores de la justicia, de entrar en los lugares sagrados o santos. En la Edad Media consistía en
una inmunidad permanente que arrebataba a la justicia humana para siempre a los criminales que
se refugiaban en los lugares sagrados. Podían ser devueltos o entregados a los tribunales laicos,
para que los juzgaran, pero no soportaban la condena, si es que habían aceptado las penitencias
impuestas por la Iglesia. Hay en las fórmulas de Marculfo un acta titulada carta tractatoria, por la cual
un criminal que realizara una peregrinación ordenada por el obispo, recibía durante el trayecto la
hospitalidad de todos los monasterios e igualmente de todos los cristianos. El derecho de asilo quedó
restringido por los C apitulares. Fue sup rimido p or el edicto de 1539. Antes de la Revolución
francesa, se veían todavía en las Iglesias unos bancos de piedra, junto al altar mayor, sobre los
cuales tomaban asiento los refugiados y exteriormente, en los m uros de las iglesias, había cadenas
y a nillos de h ierro a los cuales , los culpa bles a menazados de torturas o de su bir al cadal so,
intentaban agarrarse al pasar, gritando: ¡asilo, asilo! y los soldados no podían prenderlos.

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