La 'era Rodríguez' en el Teatro Municipal - 6 de Diciembre de 2015 - El Mercurio - Noticias - VLEX 588846630

La 'era Rodríguez' en el Teatro Municipal

Por cierto, en un largo pasado previo, desde 1857, el Municipal tuvo períodos notables y por su escenario desfilaron nombres de fama: Galli-Curci, Schipa, Chaliapin, Fleta y otros incluidos en toda historia del género lírico (Caruso se negó a cruzar la cordillera en burro); el violinista Sarasate; Mascagni dirigió obras suyas; actuaron allí Sarah Bernhardt y Margarita Xirgú; numerosas óperas del repertorio mundial llegaron a él no demasiado después de conocerse en Europa. El salitre hizo esto posible, con empresarios que traían a compañías completas -escenografías incluidas-, pues no existían una organización ni fuerzas nacionales capaces de abordar tales espectáculos. La crisis de 1929 puso fin a esto. Durante la Segunda Guerra Mundial, esa declinación fue interrumpida por apariciones esporádicas de grandes como Melchior, Flagstad, Caniglia, Erich Kleiber, Karajan, Gigli, Vinay. Pero los años 50 fueron de sopor, con la excepción de 1957, centenario de la sala. Sin embargo, los más afamados de esa época, como Callas, Tebaldi, Nilsson, Del Monaco y otros, no eran imaginables en Santiago.

Con el empuje heroico de un grupo de entusiastas, la ópera comenzó a resurgir en 1966, con la Corporación de Arte Lírico y después la Corporación Cultural de Santiago. Ese rebrote no sobrevivió a las tormentas políticas tras 1970, pero desde 1975 la Sociedad de Amigos de la Ópera de año en año fue montando temporadas que en su hora asombraron.

A ese cuadro se incorporó en 1981, a los 28 años, Andrés Rodríguez, como director de la Corporación Cultural y director artístico (1981-1986), y luego como director general y artístico (1986-2015). La programación, organización, contratación y demás actividades del Municipal quedaron bajo su administración.

En 34 años lo transformó en el teatro más importante de Latinoamérica, sobrepasando -algo antes impensable- a sus pares de México, Río de Janeiro y Sao Paulo, e incluso al Colón de Buenos Aires, todos los cuales recibieron a las máximas divinidades musicales del siglo XX, que nunca llegaron a Santiago. Bajo su gestión, en cambio, sí lo hicieron prácticamente todos los máximos nombres de las últimas tres décadas, y el Municipal entró al mapa mundial en ópera, ballet y conciertos. Merecen rememorarse algunos hitos de ese recorrido.

n Coro en siete idiomas

No hay gran teatro sin cuerpos estables. Por eso, a fines de 1981 debió crearse el primer coro profesional -no amateur -, con voces impostadas y educación musical y teatral, inicialmente con 30 integrantes, luego 40, 50, para fijarse en 60. Considerado hoy como el mejor de Latinoamérica, puede cantar en 7 idiomas -alemán, ruso, italiano, francés, inglés, latín y checo-, además de español. Adicionalmente, ha sido un semillero de jóvenes cantantes, varios de los cuales han desarrollado carreras como solistas.

n No más instrumentos prestados... ni disfrazados

También en 1981 comenzó una profunda reforma en la Orquesta Filarmónica, liderada por Juan Pablo Izquierdo. Se reconcursó a toda la orquesta, con audiciones en EE.UU. y Sudamérica, y así llegó del extranjero una treintena de músicos para suplir insuficiencias. La orquesta avanzó sustancialmente en calidad y ampliación en su repertorio. Se hizo posible abordar a Mahler, Bruckner y el siglo XX, y se atendió a la divulgación de compositores chilenos. Hoy la Filarmónica puede interpretar cualquier obra y ya no es preciso pedir a otros teatros instrumentos en préstamo (¡): en 1994 se adquirieron cuatro tubas para Wagner, Bruckner y otros compositores. "Ahora no hay que estar camuflando los cornos, a los que antes debían ponérseles distintos elementos para que dieran un sonido similar a...

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