El @mor en los tiempos del smartph@ne
| Autor | Yuri Vega Mere |
| Cargo del Autor | Profesor de Derecho Civil |
| Páginas | 245-262 |
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E@MOR EN LOS TIEMPOS DEL SMART P@NE
EL @MOR EN LOS TIEMPOS DEL
SMARTPH@NE
SUMARIO: 1. El impacto de la tecnología en la |sociedad de la informac ión:
ordenadores, internet, teléfonos inteligentes y apps. 2. Las relaciones amorosas
virtuales y los sustitutos de las expresiones corporales. 3. Matrimonios y celes-
tinaje en la era de los smartphones. 4. El adulterio online y el divorcio. 5. Otros
usos de internet en la familia
1. El impacto de la tecnología en la sociedad de la información: ordenadores,
internet, teléfonos inteligentes y apps
Las social networks no dejan duda que vivimos en una era en la que la tecnolo-
gía y la información ejercen un indiscutido reinado.
Algunos best sellers sobre la socieda d de la informa ción y de la tecnolo gía
contienen apasio nantes interpretacione s de la realid ad que nos h a t ocado vivir.
Pero no todos somos conscientes del impa cto que hace años vienen causando am-
bos (información y tecnología) a todo nivel, no solo en el aspecto económico sino
también en las relaciones humanas y, por supuesto, en el derecho, pese a que –
nuevamente- la ley llega al final en la carrera por intentar entender las transforma -
ciones que es posible advertir en la dimensión sociológica.
Si la revolución industrial tuvo como fin aliviar el esfuerzo físico del hombre
por medio de la creación de máquinas que sustituyeran el uso de la fuerza y la
velocidad con la que se puede facturar bienes, reemplazando lo artesanal por el
corte in dustrial, la sociedad de la información y de la tecnología pretende aligerar
el esfuerzo in telectual y las energías que se gastan con operaciones que son cerebra-
les antes que corpóreas. He allí, además, el origen de la conocida inteligencia artificial
cuyo último objetivo no es solo acelerar los procesos de raciocinio por medio del
uso de máquinas sino, inclusive, eliminar las diferencias que existen entre el hom-
bre y los ordenadores en el terreno de las emociones, tal como lo pretendió hace
algunos buenos años, en su ambicioso proyecto, la Profesora Rosalind Picard al
buscar que las máquinas emulen y experimenten per se emociones; argumento del
cual se sirviera Steven Spielberg en su película Artificial Intelligence, protagonizada
por el entonces pequeño actor Haley Joel Osment.
La tecnología y la información (como advirtiera Manuel Castells) han estado
presentes, sin embargo, a lo largo de la historia humana, desde la creación de uno de
los instrumentos de más larga data como la rueda. Pero los fines de la aplicación han
sido distintos y también los insumos. E n efecto, en la revolución industrial el fin era
la productividad y la rentabilidad y la materia prima era la naturaleza y los frutos
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YURI VEGA MERE
que el hombre expropia de ella (quizá sin ser consciente de su paulatina destrucción
cuando no mediaba la preocupación por la ecología); en cambio, en la actual sociedad
postindustrial la información y la tecnología son los insumos mismos, dado que la
información se adquiere, a cumula, almacena y procesa por medio de las herramien-
tas tecnológicas de las cuales se dispone (gracias al desarrollo de los microprocesadores,
de los ordenadores y su posterior implante en los teléfonos celulares y las tabletas)
para tomarla como materia prima a fin de mejorar la propia tecnología en un círculo
virtuoso que refuerza la inventiva y los avances científicos1.
Todas aquellas innovaciones, por supuesto, han nacido al calor de la interacción
entre gobierno s, instituciones, univer sidades y empresas. No es casualid ad que
Internet (la originaria Arpanet) haya nacido de la conjunción del esfuerzo d e milita-
res e investigadores, en la época de la guerra de los Estados Unidos con Vietnam
para descentralizar los nodos por medio de los cuales se transmitiera información
bélica o estratégica y evitar la conmoción de paralizar las comunicaciones en caso
que éstas se hubieren central izado en una sola máquina inteligente.
Los agentes económicos, una vez que tuvieron a su disposición los nuevos
instrumentos ofrecidos por la confluencia de los microprocesadores (y su enorme
capacidad para acumular y procesar información a grandes velocidades), el auge de
las telecomunicaciones (a raíz de su privatización a finales del siglo pasa do) y la
telefonía móvil, se convirtieron al credo de la sociedad informacional (en términos
de Castells) para crea r redes empresariales que les permitiera competir en un nue-
vo ambiente coloreado por el retroces o de l Est ado d esarrollista y la simultánea
aparición d el Estado tutor de la libre competencia y de la economía de mercado (y
luego de los datos personales aprovechados en el mundo virtual para torpedearnos
con productos y miles de cosas).
La «empresa red» se mostró, en los primeros años del siglo en curso, como un
reacomodo de las unidades productivas mediante el empleo de alianzas estratégi-
cas, de la modalidad del outsourcing como un m ecanismo de exteriorizar costos
hacia sus proveedores, de las fusiones o de la compra de empresas en mercados
geográficamente novedosos, etc. Y, por supuesto, muchas de estas firmas se dedican
de modo exclusivo a la innovación tecnológica, a la industria de los ordenadores,
del software o de Internet (que agrupa compañías especializadas en programas,
buscadores, provisión de acceso, hosting, etc.)2. Pero ello también marca la diferen-
cia entre los países que han alcanzado un n otable desarrollo tecnológico y aquellos
que son dependientes y consumidores y que nada aportan a la inventiva.
Internet, por su parte, esa gran biblioteca desordenada (según el desaparecido
literato Umberto Eco), se ha convertido en e l nuevo oráculo de la información, del
comercio electrónico, del e.goverment, y ha tirado por los suelos las distancias y la
geografía, haciendo realid ad la utopía de McLuhan de la aldea global 3, creando
ciberespacios des tinados a los fines más divergentes y hasta especializa dos q ue
muchos no podríamos imaginar que ya existen.
Internet ha cambiado la faz d el globo, nuestras costumbres, nuestra capacidad
de relacionamiento, nuestro trabajo, nuestro hogar (¡y cómo lo ha cambiado!), n ues-
1CASTELLS, MANUEL,La era de la información, Alianza Editorial, Madrid, Vol. I, La sociedad red,
2001, pp. 59 a 110 .
2CASTELLS, MANUEL,La era de la información, Vol. I, cit., pp. 200 ss.
3MCLUHAN, MARSHALL y POWERS, R.B., La aldea g lobal, Gedisa, Barcelona, 1989.
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