Jiva: EL REGRESO DE LA RUTA DE LA SEDA - 17 de Junio de 2018 - El Mercurio - Noticias - VLEX 728919661

Jiva: EL REGRESO DE LA RUTA DE LA SEDA

Casi todo lo que vemos durante el viaje parece congelado en otros tiempos. El gran río Amu Daria, que con otro nombre aparece en la Biblia como uno de los cuatro ríos del Jardín del Edén, sigue alimentando huertos. En algunas cumbres vimos las singulares "torres del silencio", donde eran depositados los cuerpos de los difuntos para que las aves y otros carroñeros eliminaran sus restos, sin dejar huella. Así se libera el alma del cuerpo. Lo creen hasta hoy los seguidores de Zoroastro.

Zoroastro, diez siglos antes de Cristo, vivió en desiertos como estos. Donde nacieron casi todos los creadores de grandes religiones y profetas: Jesús, Mahoma, Lao-Tse..., y vivieron en épocas en que aún los hombres de aquí eran masivamente nómades. Jiva pertenece a esa estirpe de los grandes milagros del desierto; aunque de otro modo. Parece un tren inmóvil con destino a la eternidad. En la Ruta de la Seda no era ciudad principal, pero sí una estación importante, víctima de sucesivas devastaciones e intentos de borrarla del mapa por un interminable desfile de invasores de toda el Asia. Y en todas las épocas.

Durante largo tiempo se convirtió en un rincón de horrores por culpa de sus propios habitantes y soberanos. Ayer no más, a fines del siglo XIX, funcionaba al exterior de sus murallas un activo mercado de esclavos. La mayor parte de ellos eran rusos cazados en los desiertos vecinos. Fue el pretexto intachable de los zares para convertir al kanato independiente en un reino vasallo.

Pese a todo, sobreviven sus barrios amurallados de ayer. En toda la ciudad residen casi sesenta mil personas. A juicio de grandes viajeros, el sector histórico resulta más atrayente que Samarcanda, otra de las ciudades-museo de Uzbekistán. El negocio inmobiliario hizo que se evaporara buena parte de la nobleza histórica de Samarcanda; aunque, afortunadamente, se salvaron ciertos trozos urbanos que hoy seducen al mundo.

Jiva, en cambio, respetó su pasado. UNESCO ha dicho que Itchan Kala, su principal ciudad interior entre murallas, tiene un "valor universal extraordinario". Representa un "testimonio excepcional de las civilizaciones perdidas de Corasmia". Las civilizaciones de Corasmia nacieron en esta región casi tres mil años atrás. Por esos siglos, Jiva, con Corasmia, formaron parte del Imperio Persa. Alguna de sus cúpulas intactas, bien iluminadas, parecieran tener hoy algo divino. Y la relativa pequeñez de la ciudad permite una visión global armónica que pocas urbes milenarias ofrecen.

Hace 2017 años tal vez ya estaban camino de Belén los tres Reyes Magos de Oriente, montando camellos domesticados cuatro siglos antes, lo que había hecho posibles largos viajes por el desierto. Esos míticos reyes eran, al parecer, dignatarios de la religión zoroástrica, que viajaron a Belén desde Corasmia. Por eso, al cruzar la puerta principal de Jiva, lo que sentimos es una agitación íntima que el viajero experimenta pocas veces. Y para sentirla ayuda mucho el que se encuentre prohibido el ingreso de vehículos de motor a los barrios históricos. La comunión con el pasado se produce dulcemente. Se diría que a ratos no quisiéramos ni pestañear, como frente a una imagen sobrenatural.

No debemos pedirle nada a...

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