La influencia del marxismo en el pensamiento y los debates de la campaña. Por la escuela cubana en Cuba Libre en 1941
| Páginas | 23-47 |
| Fecha | 01 Enero 2014 |
| Fecha de publicación | 01 Enero 2014 |
| Autor | Regina Algramonte Rosell |
| Materia | Ciencias sociales |
──Revista nuestrAmérica, ISSN 0719-3092, Vol. 3, N°3, enero-junio, 2014──
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LA INFLUENCIA DEL MARXISMO EN EL PENSAMIENTO Y LOS DEBATES
DE LA CAMPAÑA POR LA ESCUELA CUBANA EN CUBA LIBRE EN 1941
Regina de la Caridad Algramonte Rosel2l
pp. 23-47
Resumen: El presente trabajo es resultado de una investigación sobre un hecho de importancia
trascendental en la Cuba de 1941: la campaña Por la escuela cubana en Cuba Libre, luego de las
sesiones de debate de la Asamblea Constituyente de 1940. Se determinó como objetivo central
analizar el lugar del marxismo en la atmósfera intelectual-cultural cubana en los años 40, para lo cual
resultó necesario un acercamiento a los principales debates sobre la educación propiciados por el
Partido Comunista, los marxistas y las personas afines a su política educacional teniendo en cuenta
aciertos y desaciertos en los modos de actuación de las mujeres y hombres que protagonizaron la
historia.
Palabras clave: Marxismo, educación, Cuba.
Abstract: This paper is the result of a research about a transcendental event in Cuba in 1941: the
Campaign for the Cuban school in Cuba Libre after the debate sessions of the Constituent Assembly
of 1940. The main objective of this research was to analyze the role of Marxism in the Cuban intellectual-
cultural atmosphere in the 40s. To do this, it was necessary to approach the main debates about
education that the Communist Party, Marxists and supporters of this educational policy promoted. In
addition, the strengths and weaknesses of the way of acting of the leading men and women who took
part in history were taken into account.
Key words: Marxism, education, Cuba.
2 Dra. en Ciencias Pedagógicas, Investigadora del Instituto de Filosofía y Profesora de la Universidad de las
Artes de Cuba.
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Para lograr el objetivo planteado en el presente artículo, se realizó una lectura para
delimitar perspectivas que subyacen en los distintos discursos que caracterizan el
pensamiento marxista de la época. Se revisaron documentos históricos-políticos y
sociofilosóficos así como la bibliografía dispersa que existe sobre el tema. Se realizó una
indagación-análisis para la reinterpretación de la historia y de las relaciones del
pensamiento marxista y las influencias de los mismos en esferas de las ciencias sociales y
humanas vinculadas a la educación. Es por esta razón que la búsqueda de los debates y
polémicas entre las diversas entidades y exponentes, agrupaciones de izquierda y en
particular las del Partido Comunista contribuyen al logro de los objetivos trazados. Se
analizó la dinámica de las relaciones entre la realidad educativa de la época y el
pensamiento marxista sobre el tema educativo, así como todo lo que el pensamiento
marxista aportó a la práctica pedagógica cubana en ese período. Era imprescindible
revelar una vez más la articulación entre el marxismo cubano y el ideario martiano.
Se escogió la campaña de 1941 Por la escuela Cuba en Cuba Libre, por constituir un hecho
no estudiado suficientemente con anterioridad, que refleja la unidad nacional en torno a
salvaguardar la educación cubana de las manipulaciones de sectores interesados en
extranjerizarla cada vez más y que abogaban por la privatización de la enseñanza. El
estado de los conocimientos de la problemática puede definirse incompleto y que además
ninguna de las obras revisadas hasta la confección de este informe tenían como propósito
un estudio tan específico.
Los trabajos de Medardo Vitier (1970) son valiosos en el aspecto de la historia de la filosofía
en Cuba, aunque fundamentalmente en el siglo XIX y solo una parte de la siguiente
centuria. El rigor de algunos de sus trabajos, ricos en información y algunos análisis, se
resiente quizás por el arsenal teórico que el autor poseía en los momentos de redactar los
mismos. Es una fuente para conocer las influencias de las escuelas filosóficas mundiales en
los pensadores de la Isla.
Comunismo, socialismo y nacionalismo en Cuba (1920-1958), artículos compilados por la
Dra. Caridad Massón Sena, así como Retrospectiva crítica de la Asamblea Constituyente
de 1940 coordinado por Ana Suárez Díaz, constituyen antecedentes teóricos de gran valor
para esta tarea. Además, constituyen referentes de este trabajo las investigaciones
desarrolladas por los diferentes miembros del proyecto “El lugar del marxismo en Cuba
durante la década de 1940 a 1950”3 que se desarrolla el Instituto de Filosofía.
3 Integrado por Wilder Pérez Varona, Orlando Cruz capote, Madelayme Zorrilla, Glenda Suárez y Regina
Agramonte Rosell.
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En la década de1940-1950 tuvieron lugar procesos de renacionalización, caracterizados
por nuevas muestras de reconstrucción sociocultural de la identidad nacional,4 la
recomposición de fuerzas de izquierda en los espacios sociales, ideológicos y políticos
nacionales, estimulados en gran parte por el desarrollo de la Asamblea Constituyente,
entre 1939-1940, que aprobó la avanzada Constitución de la República burguesa en 1940.5
Contexto en el que aparecen diferentes actores sociales como los socialistas, los marxistas
(que no militaban en el partido comunista), los comunistas del primer Partido Comunista de
Cuba (PCC),6 reformistas y otros, además de aquellos que representaban sectores de
oligarquía burguesa, entre los que se encontraban bancarios, grupos de industriales,
casatenientes, estos últimos estrechamente relacionados.7
En esta misma línea urge una precisión necesaria. En la Cuba de entonces había un
pensamiento reformista diverso que predominó en la mayoría de las vanguardias político-
culturales, tales como las antinjerencistas, las antinorteamericanas, y las antimperialistas por
solo citar algunas. Aún sin reconocerlo, los representantes de algunas fuerzas de izquierda
se involucraban con estas corrientes reformistas. La presencia del imperialismo
estadounidense a sólo 90 millas de sus costas era, según su opinión, un “fatalismo
geográfico”. Casi todos coincidían en que esa situación paralizaba, en cierta medida, las
acciones revolucionarias en la Isla. Existía la creencia de que todo podía realizarse con el
apoyo del Ejército o sin él, pero nunca en su contra. Otra idea imperante fue la infundida
por el movimiento comunista internacional, que consistía en la creencia de que solo con
el triunfo del socialismo en el Norte podría suceder una revolución socialista en América
Latina y el Caribe, incluida Cuba. De manera simultánea en el partido comunista de los
EE.UU Earl R. Browder, secretario general, quien había fungido como vicepresidente del
Comintern,8 engendró una corriente política conciliadora de clases y de convergencia
entre los sistemas opuestos, socialista y capitalista.
Por otra parte, en el escenario nacional existían agrupaciones políticas partidarias que
tendían a considerar como algo establecido el efímero balance político nacional, regional
e internacional en la compleja coyuntura antes, durante y posterior a la Segunda Guerra
4 Orlando Cruz Capote (2014) explica cómo desde mediados de la década del 30 se prohibió la entrada
masiva de inmigrantes a Cuba porque existió un “ejército nacional de trabajadores de reserva”, que dio lugar
a un proceso de re-constitución de la identidad nacional.
5 Diario de sesi ones de la Convención Constituyente, Editorial Páginas, La Habana, 1940; Constitución de la
República de Cuba, Editorial Páginas, La Habana, 1940.
6 El PCC fue creado el 16 y 17 de agosto de 1925 (Grobart, 1985).
7 El análisis que se propone a partir de aquí toma como referente los estudios que sobre el tema ha realizado
el Instituto de Filosofía de Cuba, por lo que se sugiere para mayor profundidad ver Orlando Cruz Capote
(2014).
8 Orlando Cruz Capote (2014) explica cómo las ideas de Earl Russell Browder -el browderismo- giraron
alrededor del colaboracionismo entre el socialismo y el capitalismo y la conciliación de clases al interior de
los países burgueses. Este rumbo reformista partió de un análisis político desacertado acerca de la
“perdurabilidad” de la alianza antifascista, los acuerdos y tratados firmados entre la URSS, los Estados Unidos,
el Reino Unido y otras naciones capitalistas durante y posterior de la confrontación bélica.
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Mundial. Las mismas apostaban por la continuidad de la política del “Buen Vecino” ante
las nuevas circunstancias de la aparición de un campo socialista en países del Este
europeo, gracias a la victoria del Ejército Rojo de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS) sobre el fascismo.
Se hicieron perceptibles el antagonismo EE.UU. vs. URSS, Este vs. Oeste, capitalismo vs.
socialismo, y la instrumentación de la doctrina de la Guerra Fría en los años 1946-1947 con
sus fatales consecuencias socioeconómicas, ideológicas, políticas, culturales y ecológicas
para la región nuestramericana y el mundo.
En medio de las coyunturas históricas de despliegue revolucionario de esos años surgió una
revolución -restauración bajo el liderazgo de algunas fracciones de las clases burguesas,
en conjunción con algunas izquierdas- que trató de promover un conjunto de medidas
socioeconómicas y políticas con el objetivo de modificar y reacomodar las relaciones de
poder y dominación existentes. Las izquierdas derrotadas en la Revolución del 30 no
pudieron imponer su hegemonía y las derechas lo intentaron realizar pero a costa de
grandes concesiones porque tampoco habían alcanzado una victoria conservadora
definitiva.
En la Cuba de entonces primó un ambiente ideológico y político anticomunista en general,
y en contra del primer partido marxista y leninista; resultado de una enorme campaña
represiva y divulgativa gubernamental, dirigida desde Washington contra los partidarios del
comunismo, que golpeó sucesivamente a los demócratas y progresistas, y atemorizó
acerca del “peligro de la mano del Kremlin” en la Isla y el subcontinente nuestroamericano.
Así mismo, se expandió una amplia campaña antisoviética, que se amainó en los años de
la Segunda Guerra Mundial, en especial, cuando se produjo la agresión nazi a la URSS, el
22 de junio de 1941, y se consolidó, temporalmente, la alianza de la Unión Soviética, los
EE.UU. y el Reino Unido, junto a las fuerzas de la resistencia de otros países europeos que
unieron sus esfuerzos bélicos contra el fascismo, reforzándose cuando la Unión Soviética
ganó en autoridad y legitimidad por su rotundo triunfo en la lucha contra el nazismo
alemán,9 al derrotar y rendir a los nazi-germanos, un 9 de mayo de 1945, en su propia
capital, Berlín.
Sin embargo, paradójicamente, con un apreciable apoyo popular, evidenciado en el
número creciente de militantes del partido (aunque no todos sus miembros cotizaban),
simpatizantes y colaboradores, más una palpable cantidad de votos ganados en las urnas.
En su tiempo fue considerado el partido marxista con mayor voto electoral en América
Latina. Indicadores de lo anteriormente expuesto, fueron los representantes elegidos a la
Cámara, las senatorias alcanzadas en los distintos gobiernos de turno donde el Partido
Unión Revolucionaria Comunista (PURC, 1940-1944), luego Partido Socialista Popular (PSP,
9 En el año que se publica este trabajo, la humanidad celebra el 70 aniversario de la victoria sobre el fascismo.
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1944-1961),10 y otras izquierdas de diverso espectro ideopolítico, lograron una inserción
política importante, aunque no decisiva aún, en la vida pública nacional.
Hasta aquí un intento por ubicar a los lectores en el contexto político de la época, lo cual
no será suficiente sin dedicar las próximas páginas a analizar la repercusión de esta
atmósfera política en la educación de los cubanos y las cubanas de la época. 1940 fue un
año de debates y participación por una Carta Magna a la altura de los sueños de la
nación. Se analizará a continuación la influencia del pensamiento marxista y no marxista
en la educación durante 1940-1941.
1. Caracterización de las políticas educativas hasta la década de 1940
“No se puede ir al futuro sino desde el pasado. He ahí la cuestión”
Eusebio Leal Spengler, 2014
Para realizar un análisis crítico del período que nos ocupa se hace necesario realizar un
breve acercamiento a la situación de la educación en Cuba en los albores del siglo XX,
pues ahí se encuentran los antecedentes del contexto histórico al que se dedicará esta
tarea de investigación.
1.1. Explicación necesaria de algunos antecedentes
En los albores del siglo XX, la educación en Cuba mostraba una situación precaria a nivel
nacional. Este período estuvo condicionado por la injerencia de Estados Unidos en todos
los asuntos de la vida nacional, entre ellos, la educación. Se sumaba a la deficiente
situación educacional legada por la metrópolis española, el lamentable estado de
campos y ciudades con la consiguiente destrucción de las pocas escuelas existentes.
La información ofrecida por el censo poblacional de 1899 (Pérez Tellez, 1948) refleja el
período de crisis por el que transcurría la educación en Cuba. De una población total de
1 572 797 habitantes, el 64% era analfabeto. En diciembre de 1899 existían 312 escuelas con
una asistencia aproximada de 87 935 alumnos. Durante los años de la guerra y los
posteriores a esta, según el citado censo, se produjo una disminución constante en la
matrícula escolar. Lo anterior unido al estado deplorable del sistema de instrucción pública
10 El PCC se fusiona entre 1940-1944 con Unión Revolucionaria titulándose Partido Unión Revolucionaria
Comunista. Entre 1944-1961, se nombra Partido Socialista Popular hasta la autodisolución en 1961 (Grobart,
1970; Rojas Blaquier 2007 y 2011).
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a nivel nacional, condicionó un ambiente propicio para el dictado de medidas por parte
del gobierno de ocupación militar de Estados Unidos (1899-1902).
Una de las medidas tomadas estuvo encaminada a organizar la educación pública. En
noviembre de 1899 el General John R. Brooke dicta la Orden Militar No. 210, donde se crea
el cargo de Superintendente de Escuela. Le correspondió a Alexis Everett Frye, pedagogo
norteamericano, quien creó a través de la Orden Militar No. 226, serie 18 999, un sistema de
escuelas públicas, organizado y dirigido por autoridades norteamericanas.
Puede observarse que este fue un período de implementación de diferentes órdenes
militares en lo referente a políticas educacionales, con el objetivo de garantizar la
orientación que quería brindarle a la enseñanza primaria, el gobierno interventor de
Leonardo Wood. Con la orden militar 270 se crearon 3000 aulas lo que permitió el aumento
de la matrícula escolar de 87 935 a 264 000 alumnos cifra que representaba el 16% de la
población total. En 1901 comenzó la aplicación de los procedimientos para la mejora de
las condiciones profesionales del magisterio, se realizaron exámenes a los maestros y se le
otorgó un carácter obligatorio a la asistencia a las escuelas normales de verano, con el
objetivo de preparar a los maestros en las corrientes y tendencias pedagógicas al estilo
norteamericano.
Se nombró a Enrique José Varona, prestigioso pedagogo cubano, para la atención de la
enseñanza secundaria, quien desde la Secretaría de Instrucción Pública debía ocuparse
de la llamada enseñanza superior, la cual no contó con el apoyo material del gobierno
interventor. Sin embargo, desde su cargo Varona luchó contra la educación escolástica
heredada de la colonia. Propuso un plan de reformas que privilegiaba el estudio de las
ciencias (orden militar 267 del 30 de junio de 1900) y suprimió el latín en los estudios de
Bachillerato. Estos cambios se basan en los argumentos que Varona defendía sobre la
necesidad de desarrollar una enseñanza que estimulara el pensamiento crítico y
transformador, todo lo cual queda resumido y publicado años más tarde en su libro de
aforismos “Con el eslabón”, escrito en 1926, donde en una de sus páginas lega la siguiente
idea rectora: “Enseñar es fecundar. No quiero ante mí cerebros esponja ni cerebros piedras
berroqueñas, si no que embeban ideas y las transformen” (Varona, 1927). He aquí un
contrapunto determinante que orientó el accionar de Varona por la dirección de un
proceso de enseñanza, que estimulara la reflexión y la extrapolación de aprendizajes y
vivencias en detrimento de los métodos memorísticos.
Estudios anteriores (Fumero Constantino, 1983) de la época revelan que los esfuerzos de
Varona, no impidieron que la instrucción pública quedara en manos de los pedagogos
norteamericanos, quienes organizaron según sus intereses un sistema educativo con el
propósito de generar una cultura de dependencia, y por ello, ajeno a las características y
necesidades de la sociedad cubana en aquella época.
Finalizada la intervención norteamericana e instaurada la República en mayo de 1902, se
inicia la presidencia de Tomás Estrada Palma. En este período la escuela pública funcionó
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de acuerdo a lo estipulado en la Constitución de 190111. A partir de ese momento el
departamento de instrucción pública quedó a merced de la política enarbolada por los
gobernantes que se sucederían en la República, con lo que se inicia la decadencia del
sistema de escuelas públicas (Guerra y Sánchez, 1954: 19).
La reacción contra el deterioro de la escuela nacional se inició a partir de 1911 y abarcó
los años 1912 y 1913. El estado en que se encontraba la enseñanza primaria fue analizado
por numerosas personalidades del ámbito pedagógico12, quienes dieron a conocer su
inconformidad ante la opinión pública a través de la revista Cuba Pedagógica13 .
En 1914 se celebró en Cienfuegos el 1er Congreso de Maestros de la Época Republicana
(Conde Rodríguez, 2014). La lucha por el laicismo en la educación ante el incremento de
la enseñanza clerical y extranjerizante; el establecimiento de las escuelas normales en
todas las provincias; el aumento de la conciencia de dar respuesta al analfabetismo como
problema nacional; y la defensa de los derechos laborales de los educadores figuraban
entre los principales acuerdos. Como resultado de ese proceso surge el Movimiento de
Acción Pedagógica que contó con una amplia y sistemática labor de propaganda a
través de las revistas Cuba Pedagógica y Revista Educación14, Cuba Contemporánea y
Revista Bimestre Cubana.
Por otra parte, con el objetivo de sintetizar los diferentes planteamientos ofrecidos en los
más diversos espacios de reflexión la Asociación Pedagógica Universitaria presentó una
propuesta de Programa Nacional de Acción Pedagógica (Guerra y Sánchez, 1922). El texto
expresa diferentes problemas que urgía resolver entre los que se puede mencionar: la
cobertura escolar y la asistencia a clases de todos los menores de 14 años, el
analfabetismo, la calidad de la educación, la necesidad de promover la educación
vocacional agrícola y especial, exigía atención especial para las escuelas rurales, la
deficiente organización escolar, la inspección y asesoría técnica y especializada, y la
garantía del material escolar.
Este movimiento representó la línea antinjerencista del pensamiento pedagógico cubano
de la época. Empero los problemas educacionales de la época no tenían solo una raíz
pedagógica, en su esencia yacía lo que Paulo Freire15 llamó después la “dimensión
política de la educación”, es decir la falta de voluntad política para brindar libre acceso e
11 En particular a lo referido en el artículo 31 de la Constitución aprobada el 21 de febrero de 1901, dedicado
a la Instrucción Pública.
12 Intelectuales de destacado prestigio nacional, que han trascendido a la época actual por el legado de su
obra, entre los que se encuentran: Ramiro Guerra, Alfredo Miguel Aguayo, Enrique José Varona, Arturo
Montori y Céspedes.
13 Revista quincenal fundada en 1904, especializada en temas educacionales y dirigidos por Arturo Montori y
Ramiro Guerra.
14 Revista fundada por Alfredo Aguayo en 1911, de circulación mensual.
15 Tomado del Documental “Paulo Freire Constructor de Sueños” filmado p or Raúl Magaña, interv ención del
destacado pedagogo y luchador político brasilero. México, 2000.
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igualdad de oportunidades, educación de calidad a todos y todas, sin soberanía, sin
explotación del hombre por el hombre.
Un panorama de corrupción político social predominaba en el país, el propio Varona
lamentó el olvido a que había sido sometido el ideal martiano en esa época (Varona,
1927). Era necesario que emergiera un movimiento político social que contemplara la
terminación del proyecto martiano de liberación nacional y la creación de una nueva
sociedad.
No fue hasta 1921 que se retomó el debate por iniciativa del entonces presidente de la
Asociación Pedagógica Universitaria, Dr. Alfredo Miguel Aguayo, quien consideró la
necesidad de dar a conocer al nuevo gobierno de Alfredo Zayas y a la sociedad cubana,
las deficiencias que existían en la instrucción pública. Entre otras se mencionan las
siguientes:
Más de un 50% de niños sin asistir a las escuela y por consiguiente un incremento del
analfabetismo.
La carencia de escuelas y la baja asistencia a estas, producto de las deficiencias
de la administración escolar.
Necesidad de mejorar la preparación profesional de los maestros, los métodos de
enseñanza, el material docente y las condiciones de las escuelas
Grave estado de la educación rural donde las pocas escuelas que funcionaban
no tenían un mínimo de condiciones pedagógicas e higiénicas.
El abandono de las aulas por los escolares de 13 0 14 años.
Necesidad de crear escuelas primarias de tipo vocacional para toda la juventud
cubana pobre, de uno u otro sexo que no curse estudios profesionales.
Efectos negativos de la legislación en lo relativo a los sueldos de los maestros, que
elimina por completo todo estímulo por mejorar la actitud profesional.
La carencia de información oficial relativa a la estadística educacional.
Deficiente dirección central del sistema, confiado a la Secretaría de Instrucción
Pública y Bellas Artes.
La falta de interés de los gobiernos que se sucedieron en la República por el desarrollo de
la instrucción pública, estimuló la proliferación de escuelas propiedad de diferentes
órdenes religiosas y compañías tales como: Los Esculapios, Jesuitas, Maristas, Agustinos,
entre otros, que se multiplicaron por todo el territorio nacional. Así mismo existieron planteles
privados cubanos, variando de acuerdo a las posibilidades económicas de sus propietarios
(García Gallo, 1984).
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Hacia 1922 se fundan las primeras escuelas de orientación socialista y las escuelas
racionalistas creadas por la Federación Obrera de La Habana. Dichas escuelas
racionalistas perseguían el objetivo de ofrecer una enseñanza científica y proporcionar una
ideología revolucionaria que armara a los trabajadores y a sus hijos. Paralelamente, desde
el Movimiento de Reforma Universitaria, los estudiantes e intelectuales progresistas
comprenden la necesidad de un cambio radical y revolucionario como una condición
para una reforma de la educación (Beltrán Marín, 2013).
La fuerte unidad obrero-estudiantil reflejada en las luchas por la Reforma Universitaria
otorgó un carácter político a este movimiento que emergió con demandas académicas
y que poco a poco devino en herramienta decisiva para la lucha antinjerencista a través
de la movilización ciudadana, y en método para la educación revolucionaria bajo la
dirección de Julio Antonio Mella (Miranda Francisco, 2005). En estas escuelas se combinaba
la educación regular con aulas de alfabetización para adultos16.
El objetivo más alto alcanzado por el movimiento de Reforma Universitaria lo constituyó el
Primer Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en 1923. Entre los aspectos
fundamentales debatidos, estuvo la denuncia de la crítica situación por la que atravesaba
la instrucción pública. Además, se debatió sobre las posibles vías de solución para acabar
con el analfabetismo, definido como “mal nacional” por el estudiantado que, finalmente
propuso desarrollar una fuerte campaña para erradicarlo (Mella, 1975). Como uno de los
acuerdos derivados del citado congreso, se fundó el 3 de noviembre de 1923 la Universidad
Popular José Martí. La misma tuvo entre sus misiones fundamentales la alfabetización, que
trascendió los marcos de la enseñanza de la lengua materna y el cálculo para llegar hasta
la formación de sujetos revolucionarios, comprometidos con el pensamiento
antiimperialista y emancipador de José Martí. Se desarrolló allí un proceso formativo que
contribuyó a la transformación de profesores y estudiantes en sujetos de cambios para la
acción, donde el estudio del marxismo y la pedagogía socialista de la época fueron
determinantes (Pérez Cruz, 1997).
Tanto la Universidad Popular José Martí como la Escuela Racionalista contaron con un
claustro mayoritariamente marxista; varios de sus integrantes fundaron el primer partido
marxista en 1925. Fue este un importante legado ideológico para la educación cubana, al
precisar desde la perspectiva marxista el papel de la escuela cubana en la lucha de clases
y determinar la estrategia política, que desde el contexto educacional y articulado con el
legado martiano, contribuyera al rescate de un proyecto educativo nacional-liberador. Sin
embargo, la amplia represión de la tiranía machadista obstaculizó la continuidad de los
1. 16 Las escuelas racionalistas forman parte de una amplia gama de experiencias educacionales que
se desarrollaron en los siglos XIX y XX; en este tipo de escuela había un interés especial en el
mejoramiento humano, y tenían como meta satisfacer las necesidades del pueblo y alcanzar altos
fines sociales. Se destaca la enseñanza a cargo de obreros y familiares.
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cursos a finales del año 1927 pero la esencia marxista y martiana trascendió hasta nuestros
días en el pensamiento pedagógico cubano17.
En los años 30 incrementó la influencia del capital norteamericano, no solo destinado al
control de la industria y al control de la tierra, sino también como incentivo de la
degradación de la sociedad. Aumentó la corrupción a través de la proliferación de los
casinos de juegos, la prostitución y las drogas asociadas a estos fines. A esto se le añade
la construcción de modernos hoteles destinados a la atracción del turismo consumidor de
lo anterior. Esta realidad contribuyó a caracterizar la educación en Cuba.
Cuba arriba a la cuarta década del siglo XX con una difícil situación en el ámbito
educacional. La ausencia de previsión de los gobernantes, condicionada por la influencia
de intereses políticos en los asuntos educacionales contribuyó a que este período se
caracterizara por la ausencia de un sistema educativo que respondiera a las necesidades
sociales e históricas, que como proceso acumulativo, aguardaban desde décadas
anteriores.
De 1940 a 1944 el programa educacional del país tuvo como centro de su reforma la
enseñanza rural. La educación cívico-militar se incorporó como nuevo programa
elaborado por Fulgencio Batista en 1936. Este programa permitía la influencia de personal
ajeno al contexto escolar, sin preparación, avalados por decretos presidenciales o por
resoluciones, con el correspondiente reflejo en el desarrollo del proceso educacional de la
nación (Calderón Domínguez, 1990).
La Asamblea Constituyente se desarrolló del 9 de febrero al 9 de julio de 1940. Contó con
la participación de 81 delegados, de los cuales 36 estaban agrupados en la Coalición
Socialista Democrática y 6 de ellos pertenecían a la Unión Revolucionaria Comunista (URC),
cuya procedencia social se comportó de la siguiente forma: 2 obreros, 1 campesino y 3
intelectuales. Ellos fueron: Juan Marinello Vidaurreta, César Vilar Aguilar, Esperanza Sánchez
Mastrapa, Blás Roca Calderío, Romárico Cordero Garcés y Salvador García Agüero (Riera,
1995).
Durante los debates en la Asamblea Constituyente de 1940, entre las ideas esenciales del
Partido Unión Revolucionaria estaba la necesidad de que el estado garantizara la
protección de la juventud ante la explotación, la desocupación, el abandono moral y
corporal, las enfermedades, los vicios y centros de corrupción. Su objetivo era la formación
de una generación saludable y vigorosa y alegre, y la organización de una educación
con la meta de lograr ciudadanos aptos, física, intelectual y cívicamente (Pichardo Viñals,
17 El carácter marxista y martiano se ha mantenido hasta la actualidad como uno de los rasgos fundamentales
del Sistema Educativo cubano, lo cual se pone de manifiesto no sólo en la teoría pedagógica sino en el
desarrollo de los procesos formativos a todos los niveles. Sin embargo, aunque no constituye tema de esta
investigación se debe señalar que mucho se ha perdido en los últimos 15 años en cuanto a la implantación
creadora de los principios que sustentan el carácter marxista y martiano, aspecto que el lector puede
profundizar en investigaciones relacionadas con el tema del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas
(ICCP).
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1969). La religión, la discriminación racial, la situación de los obreros y el tema agrario así
como la educación, figuraban entre los numerosos aspectos de importancia social que
ocuparon la atención de los participantes.
Juan Marinello Vidaurreta, destacado intelectual cubano y marxista, tuvo a su cargo la
responsabilidad de intervenir en la Asamblea Constituyente a nombre del partido. Expresó
el carácter complejo y vital del problema de la educación, solucionable solo con el
mejoramiento de la superación -léase instrucción- y de la cultura del pueblo. Así mismo,
denunció de manera enfática cómo por razones políticas y económicas se había limitado
durante largos años alcanzar el ideal educativo como expresión de cubanidad lograda y
superada. “La educación, entendida al modo de nuestro Partido es en esencia, un impulso
revolucionario” (Marinello Vidaurreta, 1940). Esta sentencia no solo le otorga un lugar
especial al uso adecuado de métodos y procedimientos para la enseñanza, sino también
al lugar de los conocimientos en la formación de la personalidad de hombres y mujeres
como entes potencialmente transformadores del mundo y más concretamente, de la
realidad cubana de entonces. Y desde esta perspectiva transformadora vincula a la
educación como vía para la justicia social, máxima expresión de los anhelos
revolucionarios del partido.
Al decir del Dr. Cs. Julio Fernández Bulté18 valorando la intervención de los miembros de la
URC “fue un debate difícil, duro, donde los comunistas llevaron el peso, casi aplastante de
representar lo más auténtico y genuino de las ansiedades populares (…)”. Relacionado
con la política educacional, el partido URC convoca a que la nueva constitución cubana
asegure al menos cuatro aspectos fundamentales y que deberían ser expresados de modo
directo:
1- El aseguramiento del presupuesto de cultura (los elementos materiales indispensables
para la obra transformadora). A partir de las deficiencias y precariedades de la educación,
el partido expresó la necesidad de una considerable dotación presupuestal para el
mejoramiento de la obra educativa, proveniente del presupuesto estatal.
2- La universalidad de la enseñanza. Lo cual incluía: el carácter obligatorio y gratuito de la
enseñanza primaria por disposición constitucional; número ilimitado de matrícula para los
centros de enseñanza secundaria; atención por parte del estado a los alumnos más
necesitados con becas para su manutención; y, contribución de las escuelas privadas al
mantenimiento del Fondo de Becas para lo que deberán pagar un cinco por ciento de lo
que recauden por concepto de cuotas.
3- La más acabada técnica. Se refiere a la educación técnica vista desde el más alto nivel
de calidad del proceso formativo, avalado por el uso de métodos y procedimientos no solo
eficaces, sino además actuales para la época, en correspondencia con los últimos
descubrimientos de la pedagogía pero con un alto sentido del nacionalismo verdadero,
18 Destacado profesor e investigador cubano con amplia obra bibliográfica que desarrolló una intensa
actividad laboral en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
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humano y progresista. Sugirieron la consulta a especialistas extranjeros y propiciar la
participación de estos con mayor frecuencia y extensión.
Esta propuesta, lejos de estimular la injerencia extranjera como en la etapa de la
intervención norteamericana, apunta a una visión marxista y martiana, toda vez que parte
del reconocimiento de los saberes acumulados por la humanidad y los avances en
determinados campos de la cultura. Se convocaba así a la socialización en Cuba de los
adelantos de las ciencias y la cultura universal, con el objetivo de enriquecer el acervo
nacional y brindar la oportunidad al capital humano de nuestro país de beber en las más
diversas fuentes.
Visto desde la perspectiva martiana, el llamado del partido expresa la necesidad de que
la cultura universal se infiltrara en lo más hondo de nuestra república, propiciar el diálogo
de culturas, en detrimento de la estrechez de pensamiento y el recelo nacional, sin perder
la confianza insobornable en las capacidades propias y en la identidad nacional.
4- El sentido de orientación del momento histórico. La educación debía despojarse de
cualquier rezago injerencista, ya sea de la etapa colonial española o del período de
intervención norteamericana. Se expresó como objetivo fundamental la necesidad de
educar a los niños y jóvenes en las tradiciones revolucionarias laborales y culturales del
pueblo cubano. También se debía fomentar una conciencia social basada en los valores
más autóctonos de la cubanidad, léase de nuestra cultura aborigen, de las influencias
africanas y españolas, de las más profundas tradiciones libertarias, del sentido de respeto
hacia los valores patrios, y del orgullo nacional que da ser latinoamericano por su relación
histórica con el resto de las Antillas y las Américas.
Se expresó la responsabilidad del estado con la educación, que debía desarrollarse de
acuerdo a los intereses históricos de la nación cubana. En esta dirección se precisó que el
estado debía hacerse cargo de toda obra educacional del país, con carácter laico,
obligatorio y gratuito, y ejercida en cualquiera de sus grados por maestros y profesores
cubanos, tanto en el contexto público como en el privado. Sin embargo, se consideró que
mientras no existieran los medios suficientes para ofrecer un nivel de cobertura que
incluyera a toda la población escolar, debía permitirse el ejercicio de la enseñanza a los
particulares; pero esta debía estar sometida a la vigilancia y supervisión de los organismos
educacionales del estado. El partido otorgaba así al estado total responsabilidad sobre los
programas, contenidos y textos de enseñanza que se desarrollaran en las escuelas
privadas, así mismo sólo el estado podría entregar títulos con validez oficial.
Una mirada a la escuela rural motivó el llamamiento enfático a organizar ese proceso
formativo atendiendo a los intereses específicos de los niños y jóvenes campesinos para
contribuir al desarrollo agrícola nacional.
La universidad no podía olvidar su contribución social, orientando las investigaciones hacia
los problemas nacionales, y la educación superior, hacia las necesidades de país.
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Educación y prejuicio racial fue otro tema de importancia vital para la nación cubana
abordado en la intervención de Marinello en la Asamblea Constituyente, donde expresó
el punto de vista del partido de Unión Revolucionaria. Y es que llevar a los debates de la
Constituyente el sensible tema de los prejuicios raciales en la educación como expresión
de un grave problema a nivel de toda la sociedad cubana de entonces, fue expresión de
valentía revolucionaria y del compromiso político de Unión Revolucionaria con la unidad
de la nación cubana, por esta razón Marinello fue enfático al plantear que la Carta Magna
debía exigir de la educación, la formación del hombre como camino a la liberación interna
de Cuba.
Asimismo, llama a considerar un hecho de violación constitucional, cualquier
manifestación de discriminación racial en cualquier nivel de enseñanza en las escuelas
públicas y de manera especial en las privadas. Propuso votar una ley que determinara las
penas correspondientes a quienes en materia educacional, expresa o encubiertamente,
establecieran diferencias por las razas. Así mismo propuso penas enérgicas, no sujetas a
perdón que abarcaran desde el cierre de la institución que realizara el acto discriminatorio
hasta el encarcelamiento de los implicados en caso de que fueran reincidentes.
La nueva constitución dedicaba finalmente trece artículos, en el Título Quinto, Sección
Segunda (artículos del 47 al 59) al tema educacional, donde se abordaban importantes
aspectos relacionados con la cultura general. Se destaca el artículo 51 que expresa el
objetivo de alcanzar un sistema armónico desde la primaria hasta la universidad, el cual
debía garantizar la enseñanza general, la vocacional y la politécnica, en correspondencia
con las necesidades e intereses de la nación. Además el artículo 53 estuvo dedicado a la
autonomía universitaria, el 54, a la creación de universidades privadas y el 57 fue el
documento legal que precisó los requisitos para ejercer la docencia.
Asimismo, el texto constitucional se pronuncia sobre temas incluidos en el debate
educacional del país tales como: la formación y titulación de los docentes en escuelas
normales y en la Escuela de Pedagogía de la Universidad de La Habana, la metodología
para el nombramiento de docentes teniendo en cuenta su calificación (sin influencias
externas), el tema del salario de los maestros que según el texto no debía ser inferior a la
millonésima parte del presupuesto total de la nación.
El documento final aprobado como Carta Magna es expresión de un carácter progresista,
nacionalista que estimuló el desarrollo de la teoría y la práctica educativa sobre nuevas
bases ideológicas. Sin embargo, la concreción en leyes complementarias constituyó una
nueva etapa de lucha política e ideológica frente a una minoría constituida elementos
oligárquicos, clericales y antinacionales.
Fue la Constitución de 1940 una de las más progresistas de su tiempo, sin embargo vio
frenada su aplicación por poderosos intereses de la clase gobernante. Muestra de ello fue
la herencia de vicios y todo tipo de corrupción acumulados en la vida social que
encuentran su máxima expresión en los gobiernos de turno que caracterizaron la década
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del 40 al 50 del pasado siglo, con la proliferación de las pandillas gansteriles, el patrocinio
de la mafia norteamericana que convirtió a Cuba en un gran burdel y un inmenso casino.
También fue una época de lucha del movimiento obrero, de fortalecimiento de las ideas
marxistas y la consolidación de la identidad nacional expresada en el sentimiento
antiimperialista del pueblo, que tuvo sus voces en la intelectualidad avanzada marxistas y
no marxistas, “(...) los grandes hombres suelen ser, en sus preocupaciones íntimas, la
expresión particular de los conflictos colectivos que matizan una época y cuando se
buscan a sí mismos, hallan a la colectividad que representan” (Ubieta Gómez, 1993: 81).
Nombres como los de Juan Marinello Vidaurreta, Blas Roca Calderío, Salvadora García
Agüero, Jorge Mañach, José Antonio Portuondo, Vicentina Antuña, Roberto Agramonte,
Raúl Roa, abogaron por la instrucción del pueblo como vehículo de emancipación y
formador de conciencia.
A partir de 1944 y hasta 1948 se desarrolla el programa educacional correspondiente al
período de gobierno de Grau San Martín. Él consideraba que existía la necesidad de
establecer un sistema de enseñanza fundado en las características propias del pueblo
cubano. El programa constitucional del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico)
defendió una nueva propuesta educacional: la Escuela Montuna en conexión con la
enseñanza politécnica, con el objetivo de formar al personal calificado para la expansión
de los sectores económicos, agrarios e industrial.
La información utilizada fue encontrada dispersa en las fuentes que se consultaron
careciendo de análisis de las estadísticas escolares, motivado por la no publicación por
parte del Ministerio de Educación, de informes estadísticos que permitieran conocer y
valorar la situación de la educación en el período. Los elaborados eran incompletos e
inexactos por lo que resulta imposible dar un seguimiento en cada año a indicadores tales
como: escuelas construidas en relación con el presupuesto destinado a la educación,
relación entre el número de alumnos y maestros por aulas y escuelas, índice promedio de
asistencia, repitencia y retención escolar en las escuelas urbanas y rurales y la edad
promedio para la culminación de estudios, entre otros de interés. Lo anterior constituye un
obstáculo para el estudio del tema en el período que nos ocupa.
2. La campaña Por la escuela cubana en Cuba libre
En la Constitución de 1940 fueron refrendados derechos humanos insoslayables, que
debían ser puestos en vigor a partir de la Ley de Reforma General de la Enseñanza, entre
los que se deben mencionar: el carácter gratuito de la educación pública en todos sus
niveles, el carácter laico de la enseñanza estatal, la obligatoriedad de impartición de
determinadas asignaturas por maestros y profesores cubanos (Historia, Literatura,
Geografía de Cuba, Cívica y Constitución). Se aprobó el sistema de educación de adultos
(con la intencionalidad de erradicar el analfabetismo), la creación de un subsistema de
escuelas de oficios y la creación de un sistema de becas.
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Sin embargo, ¿fue esto suficiente para su implementación inmediata? ¿Tuvo su realización
en lo posterior? No, es la respuesta definitiva en cada caso, pero exige una lectura crítica
a las condiciones epocales, donde la atmósfera económico-social enrarecida constituyó
un aspecto determinante en el desarrollo de los hechos.
El 25 de mayo de 1941 se organizó un acto masivo en el coliseo del Teatro Nacional, bajo
el nombre “Pro Patria y Escuela”, la propaganda del acto y las ideas básicas del
movimiento que pretendía desarrollar eran anticubanas y sobre todo anticomunistas y
contaron con el apoyo de medios de difusión masiva tales como Diario de la Marina y
Avance. Manifestaron su rechazo ante la presencia del comunista Juan Marinello en el
Consejo Nacional de Educación y Cultura con sede en el Congreso Nacional. No se
convocaba un debate sobre temas educacionales, “Pro Patria y Escuela” convocaba a
una reacción anticomunista y encontraron oídos receptores en representantes del
pensamiento conservador de la época como Pepín Rivero, director del Diario de la Marina
y profesores universitarios de prestigio como Alfredo M. Aguayo, la Asociación de Maestras
Católicas y otras fuerzas anticomunistas que tras su palabra y manipulación escondían los
planes de expansión de la enseñanza privada y los objetivos ideológicos y políticos de las
minorías gobernantes con apoyo clerical.
Estas fuerzas se sentían afectadas por las disposiciones de la Comisión de Enseñanza
Privada, resultado del trabajo del Consejo Nacional de Educación y Cultura. Consideraban
preciso frenar el apoyo popular alcanzado por lo estipulado en la constitución de 1940, y
para ello había que dirigir los ataques y la confusión de las masas hacia la orientación de
la escuela cubana, con el objetivo de favorecer a la escuela privada, e impedir la
fiscalización a estas instituciones por parte del estado, no solo en lo pedagógico sino
también en lo docente, con lo cual violaban el artículo 51 de la Carta Magna que reza:
“toda enseñanza pública o privada está inspirada en el espíritu de cubanidad y de
solidaridad humana, tendiendo a formar en la conciencia de los educandos el amor a la
patria, a sus instituciones democráticas y a todos los que por una y otra lucharon”19.
Como respuesta se convocó el 28 de mayo de 1941, en el periódico El Mundo, por iniciativa
de Emilio Roig de Leuchsenring, a una asamblea pública que se efectuó en el salón Juárez
de la Gran Logia de la Isla de Cuba, motivada por la creciente tendencia de sectores
conservadores y clericales de apoderarse del sistema educativo: “Ante el confusionismo
imperante creo necesario que los cubanos que sentimos la urgencia de actuar con energía
para esclarecer la verdad sobre la entraña de ese movimiento antinacional nos unamos
estrechamente, a fin de plantear de manera precisa, clara y terminante, ante la opinión
pública, cuáles deben ser los principios de una cruzada POR LA ESCUELA CUBANA EN CUBA
LIBRE” (Roig de Leuchsenring, 1941a).
19 “Por la escuela cubana en Cuba Libre. Trabajos, acuerdos y adhesiones de una campaña cívica y cultural”.
En Declaración de Principios. Págs. 12 y 13. La Habana, 28 de mayo de 1941.
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En la convocatoria de Emilio Roig de Leuchsenring se destacan tres ideas esenciales de
denuncia que conmueven a la opinión pública, a sindicatos obreros, asociaciones
culturales, instituciones privadas, logias masónicas, y maestros y profesores de diferentes
niveles de enseñanza, entre otros:
Se atacaban disposiciones progresistas porque no cedían a los privilegios que se
mantenían desde la Colonia hasta aquellos días.
En nombre de la democracia y de la escuela la reacción organizaba una campaña
en defensa de sus intereses de clasistas.
Mantenía pretensiones injustas para el pueblo al mismo tiempo que juraba defender
Cuba y la Escuela.
La campaña Por la escuela cubana en Cuba libre contó con la siguiente declaración de
principios20:
1- Este movimiento está desvinculado por completo de toda militancia, conexión o
inspiración, tanto efectiva como ideológica, de carácter político partidista.
Al mismo pueden venir los cubanos de buena voluntad, no importa cuál sea su criterio
político, religioso o social, siempre que coincidan en la aspiración fundamental de que
la escuela cubana sea un poderoso vehículo de progreso y superación nacional.
2- Sostenemos la urgencia de que se conviertan en realidades tangibles los principios
democráticos y liberales que mantuvieron ininterrumpidamente, como ideales, los
apóstoles héroes y mártires de nuestras luchas emancipadoras, y constituyen, por ellos,
el fundamento y la razón de existencia de nuestra nacionalidad.
3- Propugnamos el rescate por el Estado, y el diligente cumplimiento por éste, del
ejercicio de las funciones que la Constitución le concede e impone sobre la enseñanza,
como una de las manifestaciones de la cultura, no solo en lo pedagógico, sino
fundamentalmente en lo que se refiere a su organización, pues, como dispone el
artículo 51 de nuestra vigente Carta fundamental, “ toda enseñanza, pública o privada,
está inspirada en el espíritu de cubanidad y de solidaridad humana, tendiendo a formar
en la conciencia de los educandos el amor a la patria, a sus instituciones democráticas
y a todos los que por una y otras lucharon”.
4- Recabamos para la enseñanza pública – elemental, secundaria y técnica, urbana
y rural, para el maestro y para el alumno - la atención preferente del estado y el
inmediato abandono de la nefasta política abstencionista, postergadora y de
hostilidad, seguida por los gobiernos.
20 “Por la escuela cubana en Cuba libre. Trabajos, acuerdos y adhesiones de una campaña cívica y cultural”.
En Declaración de principios. p.12. La Habana, 28 de mayo de 1941.
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5- Proclamamos que todo niños cubano debe ser educado por profesores cubanos,
graduados en instituciones docentes cubanas, con textos de autores cubanos y en
colegios cubanos.
6- Juzgamos de vital trascendencia para el permanente afianzamiento de la
nacionalidad, que el Estado ejerza, no por simple expediente burocrático, como hasta
ahora, sino con miras a la plasmación de ese espíritu de cubanidad del precepto
constitucional citado, la reglamentación e inspección de las escuelas privadas, sin que
ello envuelva gratuito deseo de dañar intereses ni menoscabar derechos.
7- Requerimos el debido reconocimiento y la justa protección para los graduados de
las instituciones oficiales de enseñanza, únicos llamados, según sus respectivos títulos, a
desempeñar la función docente, lo mismos se trate de la enseñanza pública que de la
privada.
8- Respetamos el derecho constitucional de la profesión de todas las religiones y el
ejercicio de todos los cultos, pero sin que por los gobernantes se olvide que la tradición
cubana patriótica y revolucionaria es laica, y no puede por tanto el estado, nacido al
calor de esos principios, mostrar simpatías o parcialidad religiosa, en los asuntos políticos
en general, ni en la enseñanza en particular.
En esta declaración de principios se revela -tal y como comprendió Gramsci (2008) - a los
fenómenos sociales como sistemas de relaciones de procesos que se imbrican entre sí. En
el propio acto de clausura se expresó que aquél era “un movimiento nacional de
afirmación cubana, de recordación y defensa de los más altos y fundamentales principios
mantenidos, ininterrumpidamente, desde los albores de nuestras luchas libertadoras, con
el ejemplo de su desinterés y abnegación, de su constancia y su sacrificio, con la ofrenda
de sus vidas, por la legión incontable y gloriosa de apóstoles, propagandistas, héroes y
mártires de nuestra epopeya emancipadora, que deben ser todos considerados como los
verdaderos y genuinos fundadores y mentores de la nacionalidad, de la república
cubana” (Roig de Leuchsenring, 1941b).
Se escogió la casa matriz de la masonería por ser consideradas las logias masónicas, un
espacio que sirvió de refugio, amparo, calor y ayuda para los reformadores y libertadores
de América, donde se fraguaron ideas y propósitos progresistas e independentistas y por
considerarse que la masonería estaba ligada estrechamente a todos los movimientos
liberales e independentistas de América.
Las dificultades, crisis y contiendas internas acerca de la educación y la enseñanza
convocaron a los cubanos de entonces a volver los ojos hacia el pasado patriótico y
revolucionario cubano y de los pueblos de América, con el objetivo de buscar el ejemplo,
las normas de conducta de “los hombres que realizaron la gesta libertadora nacional y
continental” (Ibídem), que como estrellas guiaran el camino a seguir para la consolidación
definitiva de la república.
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Las fuerzas anticomunistas habían atacado públicamente a la escuela cubana, a las
medidas propuestas para la protección y el mejoramiento de las condiciones de
trabajador, se criticó la propuesta de sanción contra las discriminaciones raciales, se
defendió el mantenimiento en la Carta Magna de la organización social existente “… a
base de dos castas: explotados y explotadores” (Ibídem).
De manera oportunista aprovecharon la proximidad de las elecciones para coaccionar a
los convencionales que aspiraban a ocupar posiciones electivas -oportunidad para la
claudicación de ideales de muchos de los que alardeaban de progresistas y
revolucionarios-. Gracias a esta traición no pocos salieron electos representantes,
senadores, gobernadores alcaldes y concejales. Y luego de varios meses de debate
público, la traición a los intereses del pueblo obstaculizó que se reflejara en el texto de la
nueva Constitución, las conquistas y mejoras a la escuela cubana propuestas durante los
debates antes mencionados.
Por lo tanto, urgía la reunión de hombres, mujeres, blancos, negros, todas las personas libres
de prejuicios, discriminaciones y convencionalismos y de esclavitudes de ideas, creencias,
razas, y religiones. La campaña Por la Escuela Cubana en Cuba Libre, constituyó una
convocatoria para intercambiar pensamientos y sentimientos en un contexto político
ideológico de “… pugna entre la democracia y el autoritarismo, entre el reaccionarismo y
el liberalismo, entre el estancamiento o retroceso y el avance o progreso, entre el espíritu
colonial y el republicano, entre la Colonia y la República…..” (Ibídem). La urgencia del
encuentro radicaba en la gravedad de los ataques que hicieran elementos clericales y
reaccionarios al empeño de cubanización de la escuela cubana, en el contexto de la
Asamblea la Constituyente, donde se trató de desacreditar la campaña ante la opinión
pública con el objetivo de que la nueva constitución no incluyera preceptos y disposiciones
progresistas favorables al pueblo.
Impregnada de un espíritu de continuidad histórica en la lucha por la emancipación
integral del pueblo cubano, se apeló a la comprensión del carácter revolucionario de
aquella campaña, en tanto al decir martiano “La Revolución era aquella que se
desarrollaría en la república” (Ibídem).21
La discriminación racial constituía uno de los males de aquella república, que tuvo en los
marcos de la escuela cubana una de las expresiones más crueles. Hacia este flagelo dirigió
Marinello gran parte de su intervención durante los debates de la Asamblea Constituyente,
y expresó el sentir del Partido Unión Revolucionaria respecto al racismo. Este aspecto fue
retomado con fuerza durante la campaña y correspondió al Dr. Miguel A. Céspedes,
presidente del Club Atenas intervenir durante el acto clausura, sobre el tema del racismo,
y el papel de la escuela cubana, en particular del maestro y profesor; argumentando su
deber moral y patriótico ineludible de crear en las instituciones educativas un ambiente de
igualdad que impidiera que ningún niño joven se sintiera deprimido por actitudes racistas
21 E.Roig De Lechsenring cita a Martí en el referido discurso de culminación de la campaña.
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de sus compañeros. Valoró el hogar y la escuela como espacios para educar sentimientos
y orienta la vida moral. Y desde esta perspectiva inclusiva de la educación y la sociedad
instó a trabajar “por la cubanidad integral, por los más puros ideales de la Revolución y de
la democracia y por el triunfo definitivo de la libertad” (Ibídem).
Por la escuela cubana en Cuba libre se declaró heredera y continuadora de la conducta
patriótica de los ilustres maestros pioneros de la defensa de la escuela cubana y de la
reglamentación y fiscalización de los colegios privados con vistas a su mejoramiento
pedagógico y su efectiva cubanidad, entre los que se mencionaron: Enrique José Varona,
Manuel Sanguily, Esteban Borrero Echeverría, Ezequiel García Enseñat, Carlos de Velasco,
Arturo Montori, Juan R. Xiques, Manuel Márquez Sterling, Manuel Fernández Cabrera, José
M Tagle, Ismael Clark, Ramiro Guerra, Francisco González del Valle, Federico Córdova, Julio
Villoldo, Salvador Salazar, Fernando Ortiz, Gabriel García Galán, Enrique Gay-Calbó.
Esta campaña se autoproclamó libre de radicalismos, y de militancia o matiz político
partidista. Empero, esta campaña tenía un alto sentido patriótico asumiendo la enseña
nacional consciente de los esfuerzos, luchas, sacrificios, heroicidades y martirios de varias
generaciones de patriotas por la conquista de una patria verdaderamente libre, no
solamente de España, sino de modo especial de los vicios, los defectos, los prejuicios, las
discriminaciones, las injusticias que encarnó la colonia.
La referida campaña contó con el apoyo de 104 órdenes fraternales vinculadas a la
masonería, 2 partidos político (Unión Revolucionaria Comunista y Partido Socialista de
Cuba), 49 instituciones educacionales, 37 colegios privados, 85 agrupaciones obreras, 47
asociaciones varias, 85 veteranos de la guerra de independencia. Un aspecto importante
lo constituye la participación de personas de todo el territorio nacional.
Se debe destacar la colaboración artística de las estrellas nacientes de la Corte Suprema
del Arte de las Emisoras CMQ y COCQ tales como Rosita Fornés, Elsa Valladares, Dúo
Romay, Trío Servando Díaz, América Crespo, Miguel A. Ortiz, Carioca, Hermanos Justiniani y
Leonel Guitián, quienes interpretaron números musicales.
2.1. Hacia una dimensión política de la educación: Emilio Roig de Leuchsenring, Elías
Entralgo, José Antonio Portuondo, Fernando Ortiz.
Luego de una lectura crítica del discurso el maestro Emilio Roig de Leuchsenring, a la luz
del contexto histórico de aquella época, a pesar de que se afirma que la campaña estaba
desvinculada por completo de toda militancia, tanto efectiva como ideológica, de
carácter político partidista, esta investigación asume que, no obstante lo planteado, yace
en el fondo un fuerte ideario político impreso por el referente martiano de dicha campaña,
lo que implica la adhesión al ideario político del Apóstol, quien fundara al Partido
Revolucionario Cubano como el partido de la Unidad de Todo el Pueblo. Aquella no fue
una campaña política desarrollada por un partido de manera independiente, sin embargo
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contó con la participación de miembros de las más diversas fuerzas políticas progresistas
del momento, así como del amplio apoyo popular de la nación por defenderse en esa
campaña una de los anhelos más preciados del pueblo: la educación.
Somos cubanos: y como cubanos, aspiramos a que se plasmen ahora en
realidades tangibles, en lo que a la enseñanza se refiere, los principios
democráticos, liberales y laicos, que son básicos y fundamentales del Estado
cubano, (…), encarnación del pensamiento, de los sentimientos, de los ideales, y
de producto de las necesidades políticas, económicas y sociales, y de los
esfuerzos, la sangre y la vida de varias generaciones de cubanos, que idearon
fundar para ellos y para sus compatriotas de los tiempos venideros, una patria
grande y estable, de libertad y de justicia, de igualdad y de decoro (Ibídem: 71-
72).
Emergen en estas palabras los anhelos del prestigio intelectual cubano de alcanzar en un
futuro cercano la inmensidad de un pueblo culto, gozoso por la igualdad de oportunidades
y la dignidad como derechos. Estas palabras llamaron al recuerdo del pasado patriótico y
revolucionario con el objetivo de rescatar del ejemplo de los hombres y mujeres
protagonistas de la historia, normas de conducta que sirvieran de guía para la
consolidación definitiva, humana, justa y cubana de la república. Fue un discurso
impregnado por el ideario martiano, y no podía ser de otra manera, las palabras
emanaban de los labios de un hombre que se caracterizó hasta su muerte por la
coherencia entre su modo de pensar y actuar.
Por su parte, el profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana,
Dr. Elías Entralgo inició su intervención dejando claro que la aparición y desarrollo de la
nacionalidad cubana así como la constitución en estado soberano fueron producto de un
duro proceso en el que varias generaciones lucharon sostenida y heroicamente y alertó:
“Pero el aislado conocimiento, en este caso, sin la asociación de otros factores, puede
decaer en indiferencia o degenerar en destrucción” (Ibídem: 88). Argumentó la
importancia de no solo reconocer los valores de varias generaciones de cubanos, en las
luchas independentistas, la herencia histórica amasada con trabajo, dolor, sangre y
sacrificio, sino que se trataba de acrecentarlos con atención vigilante y actividad
denodada. Es decir, la patria necesitaba cada vez más del rescate de aquellos valores
manifestados por generaciones anteriores, no solo en la memoria histórica, sino
incorporados en los modos de pensar y actuar de los cubanos de entonces. Lo opuesto
implicaría la negación de acontecimientos, de una historia que -al decir de Entralgo-
condiciona la personalidad social y política de la nación en el presente y el futuro.
Este fue un discurso que reveló el papel de la educación, de la docencia en la sociedad,
considerándola simiente de otras instituciones. Apoyó la campaña y todo lo incorporado
en la Constitución de 1940 en materia de Educación y Enseñanza por considerar que
constituían el alma de la cubanidad, que había sido atacada desde varios flancos
extranjerizantes y disgregadores a su juicio.
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En sus palabras puede leerse una dura crítica a la carencia de estadísticas, a la fuga de
capitales, a la desoladora situación de la economía nacional que dejó su expresión en la
situación de la escuela, y que de mantenerse continuaría destruyendo el espíritu de la
nación cubana.
Concluye con una exhortación que tiene gran vigencia ahora en la Cuba del siglo XXI.
“Ciudadanos: de la justicia de esta causa yo no tengo dudas. El amor que la conmueve
aquí se proclama. Nos falta todavía un tercer sumando: La perseverancia en la empresa.
He aquí la clave del posible y justificado éxito futuro. Y, por ello, mis palabras finales han de
ser de exhortación a la constancia en el empeño” (Ibídem: 89). Justicia, amor y
perseverancia constituyen elementos claves para alcanzar el éxito de esta y cualquier
batalla que asuma el pueblo cubano. Y de manera particular, la constancia desde la
mirada del profesor E. Entralgo, es determinante para alcanzar cualquier objetivo en aras
del bienestar y la soberanía de la nación.
En calidad de profesor de los colegios privados “La Luz” y “Sepúlveda”, hizo uso de la
palabra el Dr. José Antonio Portuondo. Quien dedicara su breve intervención a la calidad
del magisterio cubano, a la importancia de que los maestros no solo fueran poseedores de
títulos, sino que además se evaluaran sus competencias y se sometieran a un proceso de
revalidación de los estudios recibidos en el exterior. “Sabemos demasiado bien que el título
no es siempre garantía de competencia (…)” (Ibídem: 119). Pero fue enfático en el papel
que le correspondía al estado desde el control de la formación de aquellos que asumirían
la responsabilidad de educar a los futuros ciudadanos, y para ello expresó la necesidad de
establecer tribunales oficiales a fin de que el estado tenga constancia tanto de la
preparación general como de la específica en disciplinas fundamentales para la escuela
cubana.
Expresó la relación de lo anterior con otro aspecto esencial del proceso formativo: la
formación dentro de principios fundamentales de la nacionalidad cubana, que
contribuyeran a fomentar sentimientos “especiales” -a juicio de Portuondo- los cuales solo
podían ser infundidos por maestros cubanos. En su intervención, deja explícita e
implícitamente la idea de evaluar a los maestros por su competencia a la hora de formar
valores como el patriotismo y sentimientos de identidad nacional. Antes de concluir dio
votos por una legislación coherente con lo aprobado en la Constitución de 1940, que
fungiera como órgano legal protector del profesional cubano dedicado a la enseñanza.
Con alto sentido de síntesis su discurso apuntó hacia aspectos sensibles aprobados en la
Carta Magna y sirvió para fundamentar una vez más la importancia de tenerlo en cuenta.
Correspondió al Dr. Fernando Ortiz pronunciar las palabras finales del acto, quien insistió en
la defensa de la identidad nacional, de los valores patrios en la educación y la importancia
del derecho a la soberanía del pueblo cubano a educar a sus hijos e hijas. Ortiz aprovechó
la ocasión para reiterar algunos párrafos esenciales de un proyecto de ley presentado por
él en 1917 a la Cámara de Representantes y que por su vigencia fue incorporada en la
Carta Magna de 1940. Recordó cómo en 1917 aquella iniciativa fue ignorada por fuerzas
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coloniales como las que veinticuatro años después habían motivado la convocatoria a la
campaña Por la escuela cubana en Cuba libre y que a pesar del tiempo transcurrido
continuaba afirmando las siguientes consideraciones:
Que la libertad de la enseñanza no impide el ejercicio de fiscalización del estado.
Que la profesión de la enseñanza, y en especial de la primaria, debía estar tutelada
por el estado, al que le correspondería cuidar con celo el desarrollo de sentimientos
patrióticos en los niños cubanos.
Que corresponde al estado exigir a toda persona que se dedique a la profesión de
enseñar, un título que acredite previamente su competencia.
Continuó citando el referido proyecto de ley que bajo su autoría presentara en 1917, el
cual contaba con 11 artículos dedicados todos al tema de la enseñanza y la educación.
Llama la atención de esta investigadora el artículo 5to que expresaba:
En ningún colegio, instituto, academia o establecimiento privado ni público de
enseñanza podrá enseñarse la Historia de Cuba y la Instrucción Cívica sino es por
profesores que sean cubanos de nacimiento. Tampoco se podrá en los
establecimientos privados de enseñanza primaria y secundaria que no sean
exclusivos para niños extranjeros, enseñar la historia especial de ninguna nación
extranjera, y sí solamente la de Cuba y la Universal (Ibídem: 124).
Pasados 24 años Ortiz pudo ver incluidos los preceptos fundamentales de su proyecto de
ley en la Constitución de 1940.
Antes de concluir su discurso insiste en la importancia de no contratar a ningún maestro
extranjero mientras haya un educador cubano que pueda asumir la plaza con justificada
preparación. Critica y ataca otros males de la república relacionados con el tema
educacional, y hace énfasis en la cantidad de niños sin escuelas, por falta de recursos
económicos debido “al equivocado régimen tributario” caracterizado por el desvío de los
recursos para satisfacer necesidades e intereses privados por encima de los intereses del
pueblo, todo lo cual está en consonancia con el nivel de corrupción de la época.
Finaliza Ortiz alertando sobre lo engañoso que resultaba entonces el discurso de Monseñor
Arteaga al acusar la campaña como ejemplo de totalitarismo. Y hace énfasis en que “el
totalitarismo de ahora es máscara nueva del mismo yugo absolutista que los cubanos
sufrieron durante cuatro siglos de tiranía colonial” (Ibídem). Empero, la agudeza del
pensamiento del Dr Ortiz le permitió alertar en su discurso de las patrañas ideológicas para
dividir, engañar y vencer al pueblo cubano de entonces. Concluyó su alocución
convocando al pueblo cubano a no cejar en la lucha por una escuela cubana, libre de
influencias extranjerizantes, actitudes disociadoras y orientación ajena a las raíces
históricas de la nación donde la impronta martiana constituye el corazón de la patria,
“Ahora, Por la escuela cubana en Cuba Libre, y siempre, ante todas las actitudes
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disociadoras, defendamos en la escuela y fuera de la escuela, la libertadora democracia
republicana en la patria independiente de José Martí” (Ibídem).
3. Conclusiones
Cuba, durante los primeros años de intervención norteamericana, así como en las décadas
siguientes hasta antes de 1940, se caracterizó por una crítica situación en la esfera
educacional, que motivó a lo largo de esos años el surgimiento de diversos movimientos
sociales de tipo educacional en defensa de la escuela cubana.
La campaña de 1941 Por la escuela cubana en Cuba libre puso de manifiesto la influencia
del pensamiento marxista y no marxista pero con un profundo sentido nacionalista y anti-
injerencista, lo cual se reveló en los discursos y el accionar de los participantes. Fue ante
todo como un movimiento social de tipo educacional, que tomó como referente el
pensamiento educativo y revolucionario del siglo XIX y la impronta de los precursores de
finales del siglo XVIII.
La participación de intelectuales y personalidades de reconocido prestigio nacional, tales
como Emilio Roig de Leushering, Entralgo, José Antonio Portuondo y Fernando Ortiz,
constituyó un importante motor movilizador de instituciones, asociaciones, colegios
privados y públicos en apoyo a la campaña y en defensa de la escuela cubana.
Las intervenciones focalizaron dos direcciones fundamentales: por un lado la tarea
educacional entendida como parte importante de un proyecto de liberación nacional, y
de otro, la estrecha relación entre la tradición creadora del pensamiento revolucionario
cubano y los proyectos educativos que le han sido afines
Durante la campaña de 1941 Por la escuela cubana en Cuba libre se contó con la
participación de un amplio número de maestros, intelectuales, obreros, artistas y personas
de diversos estratos sociales unidos por el interés de salvaguardar los principios de una
educación cubana para y por los cubanos
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