Los fenómenos jurídicos y la comunidad doméstica - vLex Chile

Los fenómenos jurídicos y la comunidad doméstica

AutorCarlo Nardi-Greco
Cargo del AutorProfesor de la Universidad de Génova (Italia)
Páginas49-87
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SOCIOLOGÍA JURÍDICA
CAPÍTULO II
LOS FENÓMENOS JURÍDICOS
Y LA COMUNIDAD DOMÉSTICA
XIV. La comunida d, constituida por un grupo de personas ligadas por relacio-
nes de parentesco, convivientes y colaboradores en la producción, es un a forma de
organización social existente en gran número de pueblos sobre toda la faz de la
tierra. El descubrimiento de tal hecho es gloria principal de Lewis Morgan, cuyas
inducciones han s ido confirmadas por los trabajos de Brancroft sobre los pueblos
americanos, de Bernhöft sobre los pueblos de la Europa clásica, de Lorimer y de
Cunow sobre los pueblos de Australia, y por las deducciones sociológicas de Marx,
Engels, Grosse, Kohler y Post.
Ya hemos notado que la necesidad de diseminarse por un vasto territorio en
busca de a limentos vegetales y de pequeños animales que forman el sustento de los
hombres que viven en el más inferior estado de salvajismo, es la causa de que se
formen pequeñas hor das, compuestas de un varón adulto, de una o, en casos excep-
cionales, de dos hembras y de la prole. La dificultad que un grupo más numeroso
tendría de procurarse alimentos suficientes por los medios pri mitivos de que dispo-
nen los hombres e n este estado, o en las condicione s de países estériles con una
fauna o una flora escasa en a nimales y plantas que puedan ofrecer nutrición, como
el desierto de Kalahari en q ue viven los miserables Bosquimanes, y las des oladas
islas de la Tierra de Fuego, imp iden a los hijos permanecer con sus familia s y
formar grupos sociales de segundo orden.
Pero su pongamos que las con diciones d el ambient e biológi co son tale s,
que ofrecen en mayor abundanc ia el susten to, y se dará inmediat amente la po -
sibilid ad de que los hijos pe rmanezcan con sus padres, y con sus muje res, rap ta-
das en los grupos vecinos, formen un agregado socia l má s impo rtante. La sim-
ple condición económi ca no sería por sí sol a sufic iente m ás que para formar un
grupo de fa milia, c onviviendo pura y simple mente. P ero ya lo he mos nota do en
los caz adores de ani males vivos en grandes man adas, como a ntílopes, re nos,
búfalos , o de anim ales de grande s propo rciones, como e lefantes, y en los pesca-
dores de peces que vi ven en grandes agregados, como e l arenque o el salmón, la
unión del g rupo más numeroso, y l a n ecesidad de su uni ón y e l hacerla más
íntima y per manente c on la división del tra bajo, qu e es el carácte r que distingue
a un a socied ad de un simp le agreg ado ent re sus varios componentes, se b asa en
un motivo económico; la n ecesidad de l a coope ración, exigida por l a natur aleza
especia l de la produ cción, y el mo do como ésta p uede ser únicamen te reali zada,
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CARLO NARDI-GRECO
por requerir el esfuerzo combina do y continu o de un grupo bastante numeroso
de productores.
Fórmase de este modo un grupo social de personas que cooperan a la produc-
ción, cuya permanencia la determina, y hace necesario el hecho de que la asociación
y cooperación de todos los que componen la pequeña sociedad asegura la subsis-
tencia de cada uno de ellos. Y es na tural que semejante sociedad sea for mada por
personas ligadas entre sí, o por un vínculo de descendencia común o por un vínculo
matrimon ial. Ya entre los primiti vos cazadores, el hom bre escogía a su mujer,
como su colaboradora perpetua en las expediciones de caza que emprendía, para
prepara r el alimento a su famil ia y para realizar lo s mil menudos menes teres
propios a la satisfacción de las necesidades diarias. La hembra, que en el mundo
animal subhuma no, salvo raras excepciones, es escogida por el macho solo para la
satisfacción de las necesidades genéticas, es elegida por el hombre también como
ser capaz de producir subsis tencias. Entre los australiano s, to do tr abajo rudo o
inferior es realizado por la s mujeres. Recogen plantas, insectos, moluscos; cuecen la
comida, buscan leña, levantan las tiendas; cuidan de las redes, de los sacos, de las
cuerdas y de los vestidos; llevan, durante las peregrinaciones de las hordas, todos
los utensilios y los niños . «Mientras los maridos van de caza, las mujeres desempe-
ñan los quehaceres domésticos», nos refieren de los Aetas. Entre los Bosquimanes,
dice Hahn, la mujer «es tratada como una bestia de carga». En la Tierra de Fuego las
mujeres prop orcionan la mayor par te d el alimento. Entre los Tes manianos, los
hombres no se ocupan más que de procurarse el alimento por medio de la caza de
canguros, mientras que las mujeres cuidan de los hijos, trepan a los árboles para
coger frutas, desarraigan con palos tubérculos y raíces, van a la busca de la concha
y de la ostra y pescan. Lo mismo sucede entre los Fueganos, los Auda maneses y los
australianos. Entre los Cipewayos, cuando los hombres matan un animal de gran
tamaño, las mujeres s on siempre las encargadas de transportarlo a la tienda. Entre
los Comanchos, las mujeres, con frecuencia, acompañan a sus maridos a la caza. El
hombre mata la pieza, la mujer la descuartiza, transporta la carne, y dispone la piel.
Entre los Esquimeses, cuando el hombre ha llevado una presa a su casa, no se cuida
de más, pues sería un signo de envilecimiento que se preparase por sí solo una foca.
En el mismo pueblo, las mujeres construyen las casas y las tiendas, y aunque des-
empeñan cometidos tan graves como descuartizar los renos, los hombres las miran
con la más completa indiferencia, sin mover un dedo para ayudar las. Entre los
Damaras, las muje res llevan los objetos del marido cuando éste va de un lugar a
otro. Cuando los Tupos emigran, sus mujeres llevan los muebles, y el marido lleva
únicamente las armas. «Las mujeres son cargad as como acémilas», dicen von Spinx
y Martins de las mujeres de los indios del Brasil. Los Abipones van armados solo
con lan zas para defender al grupo de los posibles ataques imprevistos de parte de
sus enemigos, mientras sus mujeres llevan todo el bagaje.
XV. Los hechos citados demuestran que desde los primeros albores sociales,
los cazadores, en la necesidad de buscar ayuda en ocupaciones que ellos, abstraídos
en la caza, no podría n realizar, recurren a personas subordinadas a ellos por su
menor fuerza física: a las mujeres. Tanto más, que las mujeres deben necesariamen -
te, al menos en determinados períodos del año, ser apropiadas por los cazadores
que viven solos en los bosques o a lo largo de las riberas de los ríos y del mar, para
satisfacer sus necesidades genéticas. Los hijos deben, en un primer período de su
vida, ser cuidados por las madres, y durante un período aún mayor, por no poderse
proporcionar la subsistencia, conviven con sus padres. Se presenta, pues, al cazador
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SOCIOLOGÍA JURÍDICA
la oportunidad, aun en su primitiva vida aislada y vagabunda, de hacerse ayudar
por la mujer y los hijos. Por lo que se comprende bien fácilmente que, cuando la
caza y la pesca ejercida en grande escala requiere el esfuerzo unánime y concorde
de varias personas, los asociados en esta diaria operación sean el padre con sus
hijos, y que, muerto aquél, la cooperación continúe entre los hermanos, y en cir-
cunstancias especiales, entre los hijos de los hermanos.
Lo que sucede entre cazadores se ver ifica también entre las poblaciones que,
dado el primer estado de la producción humana de la caza y la pesca, integradas
por la recolección de productos vegetales, moluscos, etc., han pasado gr adualmente
a la crianza de l as bestias o al cultivo de plantas comestibles. Como veremos más
detalladamente después, al hablar de las causas de la evolución de las formas de la
familia, la agricultura primitiva y el pastoreo exigen la cooperación de varias per-
sonas, y son realiz adas por solo un grupo de parientes. Pero el grupo de parientes
que colabora en la producción, existe ya en poblaciones que viven en el estadio de
la caza y de la pesca media y superior.
Por consiguiente, de una parte, la existencia de un ambiente que ofrez ca abun-
dantes subsistencias o medios con los cuales pueden recabarse estas subsistencias
con la acción del hombre, constituye la condición del acrecentamiento del grupo
social, y por otra, la necesidad de cooperar en la producción, constituye el motivo.
Y estas dos fuerzas no cesan de obrar aun en los estadios sucesivos. Cuando el
grupo pasa a un estadio superior de civilización, y se hace apremiante la necesidad
de defender el patrimonio de la familia, casa s, trajes, terrenos de caza, de pesca o de
animales, provision es, y la integridad corporal de los compañeros, en cuya existen-
cia como coopera dores todos tienen interés, a la necesidad de la cooperación econ ó-
mica se añade la de la cooper ación en la defensa contra ataques, no ya de parte de
personas o de familias aisladas, como en los primeros estadios de la convivencia
social, sino por parte de grupos enteros de parientes numerosos que puedan tener
momentáneame nte i nterés en intentar apropiarse las provisione s, e l ga nado, las
mujeres de un grupo vecino. En tales circunstancias sucederá que, cuando el grupo
familiar de coo peradores haya de escind irse por demasiado numer oso, los dos
nuevos grupos formados continuarán conviviendo, ya en sitios fijos, ya en las emi-
graciones en bus ca d e n uevos pastos o terrenos de caza o tierras de cul tivo, y
continuarán cooperando en la defensa contra el enemigo y en ciertos trabajos par-
ticulares que requieren un esfuerzo común de muchas personas, como las grandes
cazas anuales que ciertas poblaciones de África y de la América septentrional em-
prenden contra animales que viven en grandes manadas, o la construcción de gran-
des empalizadas para la protección del ganado y en las emigraciones anuales del
grupo. Pero esta cooperación económica no excede de la cooperación de unos cuan-
tos grupos. La tribu, esto es, la agrupación de varias gentes emparentadas en su
origen, tiene siempre un fin de cooperación periódica y militar.
XVI. Un ejemplo de esta prog resiva formación social no s lo s uministra la
población norteamericana. La constitución general de estas poblaciones se re aliza
en grupos familiares convivientes y cooperantes. La característica exterior y simbó-
lica de la que está repr esentada por el totem animal o planta que simbo liza el
místico progenitor de la familia, y no puede ser objeto de nutrición de sus descen-
dientes. Como todos los grupos primitivos, a excepción de algunos casos, debidos
como entre los Veddas, Cippewayos, Tiennhs, Kamchadalos y Tupos, al hecho de su
vida aislada y nómada, que no consiente a veces otras relaciones que las de los

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