En busca del borges criminólogo
| Autor | Alejandro Poquet |
| Páginas | 31-52 |
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Borges y la criminología
ii. capítulo primero
en Busca del Borges criminólogo
…nada hay más vacilante, nada más empírico…
que la instauración de un orden de las cosas;
Michel Foucault, Las palabras y las cosas
II. 1. Muchos Borges y nInguno “crIMInal ”
La obra borgeana1 ha sido objeto de los más diversos estudios
y análisis, al extremo que parece haber un Borges a la medida
de cada corriente literaria, cientíca o losóca, multiplicado
por nuevas lecturas provocadas por el paso del tiempo. Incluso
parece haber uno a la medida de cada autor. Se conoce un Borges
1 El Diccionario de la Real Academia Española registra el adjetivo “borgeano”
o “borgiano” como perteneciente o relativo a Jorge Luis Borges o a su obra, no
así el derivado “borgesiano”. No obstante existe en Buenos Aires una Asociación
Borgesiana, una Enciclopedia Borgesiana a raíz de una iniciativa del Centro Borges,
y un libro titulado Colecticia Borgesiana, respecto del cual Borges le conrmó a uno
de los autores de esa publicación que el apelativo borgesiano era más apropiado
que borgeano o borgiano y constituía un adelanto a la forma luego utilizada por
los franceses (Cfr. Luis Alberto Lecuna, “El Falso Borges”. Disponible en:
lecuna.escribirte.com/snd/48.htm>). En el artículo de Alejandro Poquet “Borges
y la criminología. Una criminología literaria crítica” (En: Revista de Derecho Penal
y Criminología, a. IV, n° 9. Buenos Aires: La Ley, oct., 2014, pp. 65-74) se optó por
utilizar el adjetivo “borgesiano” con el cual se lo conoce internacionalmente a
partir de las derivaciones inglesa y francesa. Esta última forma es utilizada por
Louis Annick en Borges ante el fascismo (Bern: Peter Lang, 2007).
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AlejAndro Poquet
lósofo2, un medievalista3, otro crítico literario4, un cientíco5,
matemático6 y profesor7, también polemista8 y hasta humorista9.
Aunque cueste creer desde determinadas posiciones sociales
y políticas (y por qué no literarias) hay, además, un Borges
orillero o marginal10.
No obstante no se han encontrado estudios que hayan ido
en busca del Borges criminólogo, que analicen esta obra como
2 Cfr. Juan Nuño, La losofía de Borges. México: Fondo de Cultura Económica,
1986.
3 Cfr. Silvia Magnavaca, Filósofos medievales en la obra de Borges. Buenos Aires:
Miño y Dávila Editores, Colección Lejos y Cerca, 2009.
4 Cfr. Sergio Pastormerlo, Borges crítico. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 2007.
5 Cfr. Sara Slapak (coord.), Borges y la Ciencia. Pról. de María Kodama. Buenos
Aires: Eudeba, Centro de Estudios Avanzados, 1999. En este volumen que reúne
diferentes ensayos sobre la relación entre la literatura borgeana y las ciencias
“duras y blandas”, María Kodama conrma la curiosidad cientíca de Borges
desde los libros que exhiben sus anaqueles, con preferencia por autores como
Bertrand Russell, Alfred North Whitehead y Ludwig Wittgenstein (“Prólogo”.
En: Ob. Cit., p. 10).
6 Cfr. Guillermo Martínez, Borges y la matemática. Buenos Aires: Seix Barral, 2007.
7 Cfr. Martín Arias; Martín Hadis (eds.), Borges profesor. Curso de literatura inglesa
en la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Emecé, 2010.
8 Alan Pauls se reere a un Borges “polémico” porque considera que toda su
literatura puede ser leída como un gran manual sobre las distintas formas de
enfrentamiento, desde peleas entre escuelas losócas, pasando por duelos a
cuchillo hasta llegar al tema metafísico del doble (Alan Pauls, El factor Borges.
Barcelona: Anagrama, 2004, p. 39). En la acepción de “polémico” como “arte
que enseña los ardides con que se debe ofender y defender cualquier plaza”,
es célebre el ensayo “Las alarmas del doctor Américo Castro” (Cfr. Jorge Luis
Borges, Otras inquisiciones. En su: Obras Completas, t. II, Sao Paulo: Emecé, 1993,
pp. 31-35), no obstante su prosa incisiva se extiende a los ensayos de juventud y
a sus contribuciones a distintas revistas en formas de reseñas y biografías. Con
el paso de los años Borges criticará “los deplorables modales de aquella época”,
y en el mismo lugar de esa (auto) crítica aprovecha para recordar su polémica
con el escritor (“llamémoslo así” ironiza Borges) Alberto Hidalgo, a quien le
contestó no ser menos binario que él con la excepción de que la versión primera
era de un tercero (Cfr. Jorge Luis Borges, “Prólogo”. En: El otro, el mismo. En su:
Obras Completas, t. II [ya cit. p. 235]).
9 Roberto Alifano, El Humor de Borges. Buenos Aires: Ediciones de la Urraca,
1996. En este libro se recuerda desde el humor (“La cosa nostra, bien nuestra”),
la especial fascinación de Borges por el mundo de la delincuencia, parte del
universo criminológico que propone esta investigación (Cfr. p. 65).
10 Beatriz Sarlo, Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires: Ariel, 1995.
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Borges y la criminología
Sir Arthur Conan Doyle le hizo observar a Sherlock Holmes la
realidad: a través del crimen11. Con la aclaración de que esta
lectura postula un campo de investigación más vasto que el
referido al delito y su protagonista, o a la solución de un mero
enigma detectivesco12. Este Borges exige abordar su literatura en
vinculación con el difícilmente limitable universo criminológico,
en el cual las categorías delito y autor son capítulos de un
campo entendido como reexión sobre el orden social, a través
del prisma de la violencia bajo las formas de ilícito y pena.
En términos literarios se pueden sintetizar estas dos formas
de violencia en el título de la obra clásica Crimen y castigo
de Fiódor Dostoievsky13. Pero para no resignar contenido
criminológico es necesario, todavía, ir más allá de ese título y
el análisis psicologista del autor, porque el comportamiento
delictivo y la reacción estatal son dos expresiones de violencia
que para ser “apreciadas”14 deben pasar, a su vez, por el prisma
de sus contextos sociales, políticos y económicos. Desde esta
mirada bidireccional, el orden de la sociedad pasa a formar
parte inescindible del estudio de la violencia.
Por esa ausencia es necesario introducirse en esa obra literaria
con el n de identicar, describir y sistematizar elementos que
constituyen el centro del pensamiento penal y criminológico:
el orden social que en Borges es multiplicado bajo diferentes
11 Holmes le comenta a su incondicional asistente Watson una de las maldiciones
de su mente, la de mirar todo desde el punto de vista de su especialidad. “Usted
mira esas casas dispersas y se siente impresionado por su belleza. Yo las miro,
y el único pensamiento que me viene a la cabeza es lo aisladas que están, y la
impunidad con que puede cometerse un crimen en ellas” (Arthur Conan Doyle,
“La aventura de Copper Beeches”. En: Sherlock Holmes. Obras Completas, t. 2.
Buenos Aires: Díada, 2014, p. 477).
12 El género policial impulsa a ir más allá de lo policíaco, en cuanto aborda el
crimen para retratar el alma humana y el contexto histórico, social y político
en que acontece. Un ejemplo actual de esta forma narrativa latinoamericana es
la denominada “neopolicial” (v. Marcela Melana; Fabián Mossello, El discurso
del policial. Reconguraciones del género en la sociedad contemporánea. Villa María:
Editorial Universitaria Villa María, 2014).
13 Con la referencia a esta novela comienzan Francisco Muñoz Conde; Winfried
Hassemer las obras Introducción a la Criminología y a la Política criminal (Valencia:
Tirant lo Blanch, 2012, p. 17) e Introducción a la Criminología (Valencia: Tirant lo
Blanch, 2001, p. 19).
14 David Matza, Delincuencia y deriva. Cómo y por qué algunos jóvenes llegan a
quebrantar la ley. Buenos Aires: siglo veintiuno, 2014.
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AlejAndro Poquet
formas posibles; la ciudad que moldea las relaciones -ilícitas-
entre los hombres, su Buenos Aires o su barrio de Palermo -en
parte míticos-; hechos de sangre protagonizados por gauchos y
malevos de los suburbios, o bandidos y justicieros de las más
diversas latitudes y épocas; una narrativa policial que encuentra
en el crimen un estímulo a reexiones políticas y losócas;
cciones que presentan la cárcel como un laberinto, símbolo
característico de esta literatura; una lírica atravesada por una
ética (presente en toda esta obra) detrás de la cual deambula el
tema -metafísico- que desvela a la criminología: el Mal.
Las paradojas borgeanas se trasladaron a la vida del autor.
Algunos de sus cuentos fantásticos generaron una dócil
credulidad, como “El acercamiento a Almotásim” con la reseña
de un libro inexistente que un lector se empeñó en encargar a
Londres15, o “El Aleph” que motivó a un periodista en Madrid
a preguntar al autor si en verdad había en Buenos Aires un
microcosmo de tres centímetros como el del cuento16. Ya escritor
consagrado, Borges prerió olvidar sus tres primeros libros
de juventud, al igual que muchos críticos devotos. Incluso
en Oxford llegó al extremo de negar en público el segundo
de ellos, pero infructuosamente porque el pequeño volumen
permanecía honrado en un anaquel de la Bodleian Library, la
principal biblioteca de esa universidad inglesa17.
Estos mismos críticos armaron, para deshonra de las paradojas
borgeanas, que esos tres libros de juventud Inquisiciones, El
tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, no debían ser
nuevamente publicados porque iban a dañar el estilo de la obra
del “Borges verdadero”. María Kodama, la mujer del escritor,
desautorizó esa crítica especializada y reeditó los textos de
juventud para que el lector encuentre “‛su autor’ en libertad”18.
Esta actitud editorialista con la negación de un Borges ocial
justica, inicialmente, la búsqueda de un interés criminológico
15 Cfr. Jorge Luis Borges; Norman Thomas di Giovanni, Autobiografía. Buenos
Aires: El Ateneo, 1999, p. 103 y Roberto Alifano, Últimas conversaciones con
Borges. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, 1988, p. 108.
16 Alan Pauls, Ob.Cit., p. 121.
17 María Kodama, “Inscripción”. En: Jorge Luis Borges, El tamaño de mi esperanza.
Buenos Aires: Debolsillo Contemporánea, 2012, p. 9.
18 María Kodama, “Prólogo”. En: Jorge Luis Borges, Borges en Revista Multicolor
(ya cit., p. 15).
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Borges y la criminología
en esta obra literaria, la persecución de un nuevo Borges que
parte de estos primeros ensayos juveniles, porque en ellos ya se
advierten los temas que preocuparon al autor durante toda su
vida19.
II. 2. el proBleMa con el Borges crIMInólogo
No obstante, esta orientación criminológica no es sencilla
porque los textos de Borges son pasibles de múltiples lecturas
y enfoques, como lo demuestra la diversidad de análisis y
reconstrucciones del material borgeano. Ello se debe a que su
obra es oblicua20, como el ilusorio Ts´ui Pén autor de “El jardín
de senderos que se bifurcan”21, en la cual parece desplazarse una
verdad “angular y astillada” antes que “coherente y central”22,
mostrando la ambigüedad como riqueza (tal la contestación
a los críticos del Quijote de Pierre Menard)23 y requisito de
perdurabilidad de una obra24.
En consecuencia el proceso de detectar signicantes penales
y criminológicos en este cuerpo literario acarrea el riesgo de
apropiación de lo meramente anecdótico o tangencial para
transformarlo en sustancia, sentido o materia. Este riesgo de
iniciar una nueva línea interpretativa es mayor si, además, el
19 Ídem, “Inscripción”. En: Jorge Luis Borges, El tamaño... (ya cit., p. 10-sq.).
20 Este carácter le atribuyen a su estética ccional Louis Annick (Ob.Cit., p. 26) y
Beatriz Sarlo a su manera de discutir tópicos de la teoría literaria contemporánea
(Ob.Cit., p. 16). A su vez Lucila Pagliai en su análisis de la obra de Borges desde
el interés cientíco, ratica la centralidad del pensamiento oblicuo borgeano
como reejo de su ironía y humor (“El cartesianismo como retórica (o ¿por qué
Borges interesa a los cientícos?)”. En: Sara Slapak [coord.], Ob. Cit., p. 16). Por
su parte Alan Pauls le asigna a la literatura borgeana el descreimiento de todo
lo que sea directo (Ob.Cit., p. 12).
21 Jorge Luis Borges, “El jardín de senderos que se bifurcan”. En: Ficciones. En su:
Obras Completas, t. I. Buenos Aires: Emecé, 1990, p. 479.
22 Se inere este modo de verdad del epígrafe del libro Evaristo Carriego, el cual
pertenece a De Quincey (Writings, XI, 68): “…a mode of truth, not of truth coherent
and central, but angular and splintered” (Jorge Luis Borges, Obras Completas, t. I [ya
cit., p. 99]).
23 Jorge Luis Borges “Pierre Menard, autor del Quijote”. En: Ficciones (ya cit., p.
449). Goloboff menciona que la ambigüedad recorre de manera especial toda la
obra de Borges (Cfr. Mario Goloboff, Ob.cit., p. 114).
24 Ídem, “El primer Wells”. En: Otras inquisiciones (ya cit., p. 76).
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AlejAndro Poquet
autor de ese cuerpo es un ser literario25, un hombre de letras
preocupado principalmente por el lenguaje, que poco antes de
morir comprueba, con agridulce melancolía, que todas las cosas
del mundo lo llevan a una cita o a un libro26.
Por su parte, la pretendida sistematización criminológica de
enunciaciones aisladas, secundarias o decorativas en el cuerpo
de un texto literario, puede poner al descubierto un plexo teórico
criminológicamente inconsistente, incoherente o contradictorio.
No obstante, esa posible consecuencia no debería impedir el
recorrido propuesto, como de hecho no lo impidió en otras
disciplinas en relación con obras prolícas o “clásicas”.
El mismo riesgo, por ejemplo, se ha corrido con la inagotable
labor teórica de Carlos Marx, cuyo objeto cientíco centrado en
la “economía política” con el modo de producción capitalista,
la lucha de clases y el Estado como garante de la propiedad
privada, está tan alejado del delito como de la sexualidad o
25 Roberto Alifano fue un estrecho colaborador de Borges desde el 15 de abril de
1974 hasta el último día que el escritor permaneció en Buenos Aires, a nes de
noviembre de 1985, antes de viajar denitivamente a Ginebra, donde murió el
14 de junio de 1986. Este “amanuense de Borges” como gusta denirse a Alifano,
que todas las mañanas registraba sus dictados, le leía libros, lo acompañaba
en viajes y formaba parte de diálogos públicos, conjeturó ante el autor de este
trabajo que la historia de la literatura no registraba otro escritor tan literario
como Borges. Este, según su amanuense, se propuso ser literario en cada página,
en cada párrafo de su prosa y poesía, desde el comienzo hasta la última página
dictada, sin que decaiga en ningún momento la intensidad literaria, lo que a su
entender no se compara con ninguna otra obra completa de la literatura. Alan
Pauls, por su parte, lo dene como el escritor más “libresco” de la literatura
argentina (Ob.Cit., p. 58). Igualmente Vargas Llosa, al conmemorar los treinta
años de la muerte de Borges ratica que se trata de un escritor sin antecedentes,
en cuanto “todo le interesó y todo se volvió literatura al pasar por él. Le interesó
la losofía, le interesó la religión, hay cosas de la ciencia que le interesaron mucho
pero todo al pasar por Borges se volvía literatura, se volvía una fabricación de
tipo imaginativo que tenía que ver fundamentalmente con la palabra. Entonces
es el escritor más literario entre los escritores porque realmente era una máquina
que transformaba todo en literatura” (Mario Vargas Llosa; Carlos Granés Maya,
“Borges en su siglo” [Conferencia lmada]. Madrid, 13 jul., 2016. Disponible
en: <https://www.youtube.com/watch?v=Y0RaBnzfFpA>. [Diálogo del
escritor peruano con el antropólogo y ensayista colombiano en el Museo del
Traje de Madrid, en el Curso de Verano “Borges en su siglo” organizado por la
Universidad Complutense de esa ciudad]).
26 Jorge Luis Borges, “Las islas del Tigre”. En: Atlas. En su: Obras completas, t. III.
Buenos Aires: Emecé, 1991, p. 435.
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Borges y la criminología
el deporte27. Más allá de esta preocupación teórica central, se
desencadenaron corrientes criminológicas marxistas a partir
de las tangenciales referencias al delito, a veces humorísticas e
irónicas, de Marx y de Engels, que impactaron en la sociología
de la desviación con ardorosos debates, reformulándose
conceptos e, incluso, dando lugar a una “nueva criminología”
con la introducción de categorías inequívocamente marxistas
como la “economía política del delito” y la “economía política
de la reacción social”.
En el caso de Borges la dicultad se agrava por la coincidencia
entre los críticos literarios acerca de que la palabra no ha
sido una preocupación secundaria y que, por el contrario, su
búsqueda principal fue estética, la búsqueda de la forma -de un
lenguaje-. Su vida personal conrma este carácter de hombre
de letras, desprovista de cualquier tipo de aventura, tal como él
mismo admitió: “Vida y muerte le han faltado a mi vida. De esa
indigencia, mi laborioso amor por estas minucias”28.
Al prologar Evaristo Carriego reconoce:
Yo creí, durante años, haberme criado en un suburbio
de Buenos Aires, un suburbio de calles aventuradas y
de ocasos visibles. Lo cierto es que me crié en un jardín,
detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de
ilimitados libros ingleses29.
El Borges maduro repite casi literalmente esta crianza libresca
al comenzar el ensayo “Juan Muraña”30, y corrobora una vida
consagrada menos a vivir que a leer31; a la edad de 70 años
volverá a declarar en su Autobiografía que el hecho capital de su
vida fue la biblioteca de su padre y que nunca salió de ella, de
27 Paul Hirst,“Marx y Engels sobre la ley, el delito y la moralidad”. En: Ian Taylor;
Paul Walton; Jock Young, Criminología crítica. México: siglo veintiuno, 1977, p.
256.
28 Jorge Luis Borges, “Prólogo”. En: Discusión. En su: Obras completas, t. I. (ya cit.,
p. 177).
29 Ídem, “Prólogo”. En: Evaristo Carriego (ya cit., p. 101).
30 Ídem, “Juan Muraña”. En: El informe de Brodie. En su: Obras completas, t. II (ya
cit., p. 422).
31 Ídem, “Nathaniel Hawthorne”. En: Otras inquisiciones (ya cit., p. 59). Esa
consagración literaria es admitida posteriormente en su “Prólogo”. En: Elogio de
la sombra. En su: Obras completas, t. II (ya cit., p. 353).
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AlejAndro Poquet
la cual recibió -aclara unos años antes- más educación que de
las escuelas que asistió32, con una frase que marca su literatura
e impronta losóca: “siempre llegando a las cosas después de
encontrarlas en los libros”33.
II. 3. claves lIterarIas y fIlos ófIcas de una posIBIlIda d
crIMInológIca Borgeana
Si bien la crítica coincide en la naturaleza esencialmente
literaria de esta obra (más aún en la del propio Borges), la
coincidencia llega a otros connes que permiten brindar
sustento a la aspiración de un sentido penal y criminológico en
los textos borgeanos.
Juan Nuño y Jaime Rest acuerdan que a partir de esa búsqueda
literaria se desprenden persecuciones losócas a lo largo de
toda la obra de Borges34. El propio Borges, pasados los setenta
años, reconoce su preocupación losóca -incluso en la poesía-
desde su niñez, cuando su padre le reveló con ayuda del tablero
32 Ídem, “Prólogo”. En: El otro, el mismo (ya cit., p. 236).
33 Jorge Luis Borges; Norman Thomas di Giovanni, Ob. Cit., pp. 24-25 y 32.
34 Juan Nuño, Ob.Cit., y Jaime Rest, El laberinto del universo. Borges y el pensamiento
nominalista. Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2009, p. 59. Si bien Nuño destaca
que el propósito de Borges no fue hacer losofía, y que a diferencia de Sartre la
losofía es un pretexto para su literatura, lo dene como un espíritu obsesionado
por unos cuantos temas metafísicos (Cfr. Juan Nuño, Ob. Cit., pp. 10, 13, 15 y
139). Esa armación es conrmada por el joven Borges en uno de sus primeros
libros, al declarar que la metafísica es la “única justicación y nalidad de
todos los temas”, lo que demuestra en un ensayo sobre un juego de naipes (“El
truco”. En su: El idioma de los argentinos. Buenos Aires: Debolsillo, 2012, p. 141).
Al destacar la inclinación constante por la losofía, María Kodama cuenta que
Borges dejó notas reexivas en casi todos los numerosos volúmenes de esa
disciplina que formaban su biblioteca (“Prólogo”. En: Sara Slapak [coord.], Ob.
Cit., p. 9), y que más de la mitad de su biblioteca está compuesta por libros de
losofía además de matemáticas, lógica y religiones (María Kodama, Homenaje
a Borges. Buenos Aires: Sudamericana, 2016, p. 60). En la reseña a Europe in Arms
de Liddel Hart, Borges conrma esa costumbre de intercalar sus pensamientos
en los textos losócos, al revisar su biblioteca y advertir con admiración
que las obras que más ha releído y “abrumado de notas manuscritas” son el
Diccionario de la Filosofía de Mauthner y El mundo como voluntad y representación
de Schopenhauer (Cfr. Jorge Luis Borges, Textos cautivos. En su: Obras Completas,
t. IV. Barcelona: Emecé, 1996, p. 284).
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Borges y la criminología
de ajedrez la carrera de Aquiles y la tortuga35. Mario Goloboff,
a su vez, destaca en todo ese conjunto literario la presencia de
inquietudes éticas, religiosas, míticas y fantástica-metafísicas,
las cuales se maniestan en forma de poesía, ensayo, cuento y
narración de cciones36. Especícamente, la orientación hacia
formas universales de lo fantástico-metafísico es destacada
por Ana María Barrenechea37. Saúl Yurkievich ha señalado que
hay en esta literatura una concepción del mundo, es decir una
estética, una metafísica y una ética que condiciona no sólo su
pensamiento, sino también su percepción y representación de
la realidad38.
Esta coincidencia teórica parece indicar que este “ser literario”
es producto de un inuyente antecesor, un “ser losóco y
metafísico” que se expresa a través de la literatura para dejar
hitos, también, de una ética. En palabras de Goloboff, el lenguaje
es el material que utiliza Borges para develar los secretos del
cosmos39, conclusión que parece compartir el propio escritor al
admitir que el valor humano y estético de un texto literario es
fundamentalmente el mismo40, y al compartir la frase de Pater
acerca de que todas las artes tienden a la condición de la música
porque en ella el fondo es la forma41.
En consecuencia, si esta obra se enfrenta de este modo a la
antigua e inacabada discusión entre fondo y forma, signicado
y signicante, losofía o religión y estética, entonces son los
propios textos borgeanos los que empujan a cruzar el umbral
de la textura literaria, con el n de iniciar el recorrido de un
35 Jorge Luis Borges, “Prólogo”. En: El oro de los tigres. En su: Obras completas, t.
II (ya cit., p. 459). En el cuento “There Are More Things” el tío del narrador es
el que lo inicia en la losofía idealista de Berkeley también con la ayuda del
tablero de ajedrez para las paradojas eleáticas (Jorge Luis Borges, El libro de
arena. En su: Obras completas, t. III [ya cit., p. 33]).
36 Gerardo Mario Goloboff, Ob.Cit., pp. 49 y 54.
37 Ana María Barrenechea, La expresión de la irrealidad en la obra de Borges. Buenos
Aires: Paidos, 1967, p. 16.
38 Saúl Yurkievich citado por Gerardo Mario Goloboff. Ob.Cit., p. 79.
39 Gerardo Mario Goloboff, Ob.Cit., p. 81.
40 Jorge Luis Borges, “José Hernández. Martín Fierro”. En: Prólogos con un prólogo
de prólogos. En su: Obras Completas, t. IV (ya cit., p. 90).
41 Jorge Luis Borges, “Prólogo”. En: El otro, el mismo (ya cit., p. 236); y “William
Shand. Ferment”. En: Prólogos… (ya cit., p. 137).
40
AlejAndro Poquet
fondo hasta ahora inexplorado: el del orden social atravesado
por la violencia.
Se entra en la “cuestión criminal” o en el “asunto penal”
cuando el orden social comienza a ser observado desde el prisma
de la violencia. Este concepto general deriva de la necesidad
del criminólogo italiano Massimo Pavarini de asignarle a
esta disciplina una referencia externa: “garantizar el orden
social”42. Claro que con la advertencia de que la garantía radica
en reexionar críticamente sobre la “cuestión del orden” y no
legitimar el orden instaurado sobre una intolerancia teórica
que, en los hechos, oculta los conictos que genera o no puede
resolver.
¿Con el soporte de su losofía, metafísica, ética, pulsa la
literatura borgeana por entrar, especícamente, en el orbe de la
criminología? ¿Es apropiada la pretensión inicial de “ensanchar”
con esta disciplina la obra de Borges43? En términos de Susan
Sontag ¿qué garantías existen de que esta interpretación libere
y no asxie a la literatura borgeana44? Nuevamente es el marco
teórico el que brinda seguridad a la respuesta.
El libro de Michel Foucault citado en el epígrafe examina las
complejidades que permanecen invisibles en la supercie del
orden de las cosas, pero lo importante a resaltar, su pertinencia,
es que ese libro se inspiró (“nació” dice Foucault) en un texto
de Jorge Luis Borges45. Las palabras y las cosas es una prueba
losóca y cientíca (Una arqueología de las ciencias humanas
se subtitula) de que en la literatura borgeana está presente
la cuestión del orden, y lo está a lo largo de toda su obra en
forma de poesía, cuento policial, ensayos losócos y relatos
fantásticos, así como en la historia del orden de Foucault está
presente, de manera inaugural, una exótica e inconcebible
clasicación borgeana.
42 Massimo Pavarini, Control y dominación. Teorías criminológicas burguesas y
proyecto hegemónico. México: Siglo Veintiuno Editores, 1983, pp. 17-18.
43 Gerardo Mario Goloboff, Ob.Cit., p. 31.
44 Susan Sontag, Contra la interpretación y otros ensayos. Barcelona: Seix Barral, 1984,
p. 19.
45 Michel Foucault hace referencia a “El idioma analítico de John Wilkins” (Jorge
Luis Borges, Otras inquisiciones) en su: Las palabras y las cosas: Una arqueología de
las ciencias humanas. Buenos Aires: siglo veintiuno, 2013, p. 9.
41
Borges y la criminología
Casi simultáneamente a la aparición de Las palabras y las
cosas, desde el campo literario Ana María Barrenechea postuló
como una de las preocupaciones más importantes de Borges la
búsqueda de sentido a un mundo caótico en el cual el hombre
está perdido46. No obstante estar convencido que no hay salida,
Borges permanece constante a lo largo de toda su obra en esta
búsqueda de reglas de un cosmos ordenado. Su actitud ante
esta paradoja es similar a la de un cientíco con el método de
ensayo y error.
Ahora bien, la búsqueda de orden, esencial, es insuciente
para cruzar la frontera epistemológica de la criminología. Según
el concepto general del que parte este trabajo, a ese orden y a
su contracara es necesario analizarlos a través del prisma de la
violencia. Goloboff ha demostrado que dentro de la cosmovisión
borgeana resalta la violencia (razón de ser de la criminología)
como uno de sus leitmotivs, a través de menciones a la muerte en
guerras, duelos de cuchilleros o historias de infames, a espadas,
cuchillos y armas como instrumentos de esas muertes producto
de venganzas, traiciones y actos de justicia, muerte que también
es retratada en sus letras de tangos y milongas47.
A tal punto la violencia es uno de los leitmotivs de esta obra
que se llegó al extremo de considerar a Borges un esteta de la
agresión, sobre la base de sus malevos como Juan Muraña en
“El desafío”, y de la violencia que encierra su anarquismo en
contra de toda forma de organización social48. “La reexión, la
armación y magnicación de la violencia agresiva constituyen
de veras una de las vertientes relevantes de su literatura”,
asumió esta crítica, la cual parece detenerse en episodios
aislados, desprovistos de contexto y sentido. Por ejemplo, en
ese cuento, la mano ensangrentada colgando, que el propio
Wenceslao Suárez se arranca con el pie para abrirle el vientre de
una puñalada a su retador49, a lo cual se podría sumar el relato
46 Ana María Barrenechea, Ob.Cit., pp. 63-101.
47 Gerardo Mario Goloboff, Ob.Cit., pp. 136-144.
48 Víctor Farías, “La estética de la agresión. Una reexión en torno a un diálogo
de Jorge Luis Borges con Ernst Jünger”. En: Revista Araucaria de Chile, n° 28.
Santiago, 1984, pp. 83-98.
49 Jorge Luis Borges, “El desafío”. En: “Historia del tango”. En su: Evaristo Carriego
(ya cit. pp. 165-168).
42
AlejAndro Poquet
sobre el degüello de parado a los dos soldados vencidos, para
que corran una carrera y el público pueda apostar50.
Es evidente la distorsión de denunciar una narrativa sangrienta
donde Borges, a través de esa sangre, rindió culto al coraje y a la
épica, y de señalar violencia social cuando, por el contrario, con
su anarquismo spenceriano o su postulación de la menor dosis
posible de Estado se opuso a la violencia estatal. Pero más allá
de estas distorsiones, esta crítica está conrmando la premisa de
Goloboff en el sentido de que la violencia es más que un motivo
en esta obra literaria, es “una de las vertientes relevantes de su
literatura”. Con ingeniosa metáfora el escritor británico Victor
Sawdon Pritchett vinculó esta vertiente (como se pretende en
este trabajo) con los intereses cientícos y losócos borgeanos,
al decir que “puso sangre a los diagramas de Euclides, o un
cuchillo en las manos de Schopenhauer”51.
Hechos de sangre provocados por duelos, venganzas,
traiciones y guerras son, claramente, una de las formas que
adopta la violencia. Otro de sus modos, de similar intensidad,
es la cárcel, eje represivo sobre el cual gira la esperanza del
orden teórico penal y criminológico, prevista como respuesta
en la mayoría de los delitos del código penal. Los lectores
identican la literatura borgeana con la imagen del laberinto,
así como “unen fatalmente” la obra de John Keats a la del
ruiseñor, o la de William Blake al tigre52. Barrenechea toma
la apropiación universal de esa imagen para la construcción
de la “cárcel-laberinto”, que atribuye al encierro perpetuo de
Borges en la biblioteca de su padre desde su niñez, condenado
50 Ídem, “El otro duelo”. En: El informe… (ya cit., pp. 436-439). Pasados los ochenta
años Borges regresa al degüello en uno de sus últimos libros de poesía, con la
gura del degollador el soldado Andrés Armoa, quien “ha perdido la cuenta
de las gargantas” pero “tiene la conciencia tranquila porque se ha limitado a
cumplir órdenes” (“Andrés Armoa”. En: La cifra. En su: Obras completas, t. III
[ya cit., p. 315]). La temática de la violencia continuó siendo abordada en un
cuento de la vejez, titulado “La noche de los dones”, tal como el propio Borges
lo reconoció en el “Epílogo”. En: El libro de… (ya cit., p. 72). Poco antes de morir
versicó sobre el emperador César de un modo no exento de crudeza: “Aquí,
lo que dejaron los puñales./… Le han abierto cráteres en la carne los metales”
(“César”. En: Atlas [ya cit., p. 407]).
51 Victor Sawdon Pritchett citado por Humberto Alagia. “Indicios”. En: Sara
Slapak (coord.), Ob. Cit., p. 98.
52 Jorge Luis Borges, “El ruiseñor de Keats”. En: Otras inquisiciones (ya cit., p. 97).
43
Borges y la criminología
a construir laberintos literarios en sus poesías, ensayos, cuentos
y cciones53, como en “La biblioteca de Babel” en la que la
metáfora del laberinto adquiere la extensión del universo.
Esta re-construcción es avalada por Jaime Rest al analizar la
liación nominalista de Borges, desde la cual el hombre aparece
extraviado y prisionero en un laberinto de escala universal del
que no puede escapar54. El rigor arquitectónico literario que rige
la organización de las cciones borgeanas es resultado, según
Barrenechea, de la realidad confusa y desordenada provocada
por esa cárcel-laberinto. De esa lectura literaria se extrae la
cárcel como elemento central que atraviesa la obra de Borges,
simbolizada en sus más variados laberintos.
Desde el mismo campo literario Beatriz Sarlo se ha encargado
de mostrar el sentido que el delito y el delincuente adquieren en
la obra borgeana, categorías que representan una de las formas
de violencia sin la cual la cárcel y el pensamiento criminológico
pierden razón de ser. Borges puebla sus cuentos con historias de
duelos, muertes, lanzas, cuchillos (que se convierten en su vejez
en “la daga de hoja corta”)55 y venganzas individuales porque
es el escenario narrativo donde el escritor exhibe el coraje como
respuesta a la ausencia de las instituciones formales estatales,
frente a las nuevas relaciones abstractas de la modernidad,
muy frágiles para mantener la cohesión de una sociedad
fragmentada. El código del honor y la virtud del coraje están,
siempre según esta lectura, en el centro de la versión borgeana
de la cultura criolla.
Esta forma de violencia-coraje es un tópico de esta obra que
le llega a impactar a Sarlo por su reiteración, ya que Borges lo
ejerció a lo largo de toda su vida incluso en forma de poesía,
desde sus primeros cuentos hasta El informe de Brodie publicado
en 197056. La escritora llega a la conclusión que el crimen es
la vía a través de la trama perfecta para el logro de un orden
53 Ana María Barrenechea, Ob. Cit., pp. 15 y 63-64. El libro de poesía Muros y
voces de Alejandro Poquet (Buenos Aires: Ediciones Tierra Firme, 1997) está
concebido desde una concepción similar, en la que el amor, el sexo, la cárcel, el
poder son formas de encierro contra las cuales hay una esperanza: la palabra.
54 Jaime Rest, Ob.Cit., p. 70.
55 Jorge Luis Borges, “La intrusa”. En: El informe… (ya cit., p. 403).
56 Beatriz Sarlo, Ob.Cit., pp. 179-188. Este libro reúne cuatro conferencias que la
autora brindó en la Universidad de Cambridge.
44
AlejAndro Poquet
moral y estético, trama perfecta que permite “pensar más”
que la ideología del autor. En Borges esta trama perfecta es un
principio de orden o de racionalidad que utiliza para confrontar
con la irracionalidad de una época que guarda el recuerdo
de la primera guerra mundial, impregnada de fascismo y
formas reales de comunismo en Europa y golpes de estado
en Argentina57. Si bien Sarlo conjetura el rechazo de Borges a
esta lectura de su orden literario, recuerda un párrafo del texto
“Valéry como símbolo” que anima la conjetura:
Proponer a los hombres la lucidez en una era bajamente
romántica, en la era melancólica del nazismo y del
materialismo dialéctico, de los augures de la secta
de Freud y de los comerciantes del surréalisme, tal
es la benemérita misión que desempeñó (que sigue
desempeñando) Valéry58.
II. 4. la lIteratura Borgeana frente a la crIMInología posItIvIsta
Los perles de este nuevo Borges se visualizan con más
claridad si se lo contronta con los principales postulados del
positivismo, tanto en versión losóca como criminológica.
Esta modalidad de presentar un pensamiento confrontando
con el positivismo, se inserta en una tradición bien conocida en
el ámbito sociológico y criminológico, en la cual fue concebida
La imaginación sociológica de Wrights Mills que resultara
decisiva para la aparición de La Nueva Criminología británica;
el pensamiento de los primeros teóricos de la desviación
norteamericanos; el libro Delicuencia y deriva de David Matza; y
La criminología cultural de Jock Young.
Al igual que todos esos pensamientos, en la poesía, cuentos
y ensayos borgeanos se encuentran personajes, símbolos,
metáforas, tramas y tematizaciones que cuestionan e invierten
el orden, el método y los conceptos criminológicos positivistas.
Borges nació en Buenos Aires el último año del siglo XIX,
aproximadamente dos décadas después del descubrimiento del
57 Ibíd., pp. 126-129.
58 Jorge Luis Borges, “Valéry como símbolo”. En: Otras inquisiciones (ya cit., p. 65).
45
Borges y la criminología
“hombre delincuente” por parte de César Lombroso (1876)59,
el padre de la criminología positiva. La losofía positivista
había puesto de moda las ciencias naturales y el método
experimental; mientras más se estudiara la sociedad como
si fuera la naturaleza mayor iba a ser el orden y el progreso
social. Lombroso naturalizó el objeto de estudio para demostrar
que la criminología podía merecer la jerarquía de ciencia.
El hombre delincuente o criminal nato fue una realidad tan
natural que podía ser reconocido a simple vista a través de sus
rasgos físicos. Como el método de observación era infalible y
no conocía límites, aun después de la muerte podía encontrar
pruebas de esa naturaleza criminal. De este modo Lombroso
logró descubrir la célebre “foseta occipital media” en el cráneo
de un famoso delincuente, prueba del parentesco con el hombre
primitivo y los animales inferiores.
Los sectores políticos y académicos de la Argentina de la
época de Borges fueron embelesados con esta ideología también
conocida con el nombre de Escuela Positiva, que se extendió de
manera hegemónica al Derecho penal60, porque suministraba
59 Cesare Lombroso, L’Uomo delinquente. Milano: Bompiani, quinta edizione-1897,
2013; 2014.
60 Luis Jiménez de Asúa comenta en 1940 que todos los penalistas argentinos
eran “secuaces del positivismo” salvo dos excepciones: Sebastián Soler y su
discípulo Ricardo Núñez (“Presentación”. En: Gina Lombroso Ferrero, Vida
de Lombroso. Buenos Aires: Aquiles Gatti, 1940, p. 17). Este fenómeno no fue
exclusivamente local, pues en Alemania la losofía del derecho neokantiana
había consolidado el positivismo en el siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX,
principalmente durante el régimen del Tercer Reich pero trascendiéndolo en
el tiempo, despertando los temores y advertencias de Hans Welzel sobre un
positivismo legal extremo aun pasada la mitad de esa centuria (Más allá del
Derecho Natural y del Positivismo Jurídico. Montevideo;Buenos Aires: B de f, 2013,
pp. 17-23). Para Enrique Bacigalupo, que conoció la obra lombrosiana a través
de su maestro Jiménez de Asúa, la tesis del carácter atávico del delincuente
y el método antropomórco y antropométrico no han sido aceptados ni
desarrollados en España ni Latinoamérica, aunque sí su necesidad de reforma
del Derecho penal, a través de la reelaboración jurídica de las tesis de Lombroso
realizada por los juristas Franz von Liszt y Enrico Ferri (Cfr. Enrique Bacigalupo,
“La inuencia del pensamiento de Cesare Lombroso en España y en los países
latinoamericanos”. En: Carlos Tiffer Sotomayor (coord.), Justicia Penal, Política
Criminal y Estado Social de Derecho en el siglo XXI, Homenaje a Elias Carranza.
Buenos Aires: Ediar, 2015, t. I, pp. 493-496). Eugenio Raúl Zaffaroni destaca la
rapidez con la que el discurso penal latinoamericano receptó el positivismo
italiano (junto al francés), basado en Argentina en la criminología etiológica
46
AlejAndro Poquet
la explicación teórica que servía para justicar, en un proceso
de enfrentamiento cultural, la estigmatización de lo local, del
habitante original de estas tierras y de la inmigración resistente,
aquella indócil al proyecto conservador y europeizante de
un país que entraba en una etapa de intensa modernización.
Las minorías ilustradas de Buenos Aires buscaban subirse al
vagón de cola del desarrollo capitalista mundial, y la manera
más conveniente de explicar el atraso e intentar superarlo fue
utilizando el arsenal doctrinario e instrumental del positivismo
criminológico. Es decir neutralizando y separando a todo
elemento peligroso contra el “orden y progreso”, cuyo común
denominador de esa peligrosidad era haber sido excluido del
modelo de país que se estaba imponiendo.
En pleno auge de esa cosmogonía represiva representada por
Luis María Drago, José Ingenieros, Cornelio Moyano Gacitúa,
Eusebio Gómez, los Ramos Mejía entre otros, la literatura de
Borges no sólo no se contamina de sus postulados positivistas
sino que, por el contrario, los ridiculiza y desautoriza al igual
que al método mismo. Los positivistas creían en la naturalidad
del delito y del delincuente, Borges, por el contrario, desconfía
de la realidad en sí misma o, mejor, de una interpretación
ajustada a la realidad, que es precisamente de lo que se jacta el
positivismo con su método experimental.
La radical diferencia también es de índole estética, con
consecuencias directas en el campo metodológico. El
naturalismo opta por la “estética pasiva del espejo”, para la
cual el arte es copia del medio ambiente. En cambio Borges, ya
de joven en España, se había decidido por la “estética activa de
los prismas”, donde el mundo es mero instrumento del arte61.
biologista de José Ingenieros (Cfr.“Derecho penal humano y poder del siglo
XXI. Conferencias de Guatemala”. En: Revista Pensamiento Penal. Buenos Aires,
2016, pp. 30-31).
61 Jorge Luis Borges, “Maniesto del Ultra”. En su: Textos recobrados. 1919-1929.
Buenos Aires: Emecé, 1997, pp. 86-87. Borges contribuyó a la redacción de
ese maniesto del movimiento ultraísta, en el que, además, se lee: “Y, para
conquistar esta visión, es menester arrojar todo lo pretérito por la borda.
Todo: […] los microscopios del naturalismo […]. Toda esa vasta jaula absurda
donde los ritualistas quieren aprisionar al pájaro maravilloso de la belleza.”
En coincidencia con esa estética, recién llegado a la Argentina Borges cofundó
la efímera revista Prisma para dar la idea de “trastocamiento de la realidad,
comparable a la descomposición de la luz al atravesar un prisma de cristal” (p.
47
Borges y la criminología
II. 5. un precursor de la crIMInología crítIca y e l aBolIcIonIsMo
penal
A través de ese prisma borgeano los cuchilleros, malevos,
criollos, asesinos y personajes marginales que conforman la
delincuencia natural del positivismo criminológico, en esta
literatura exhiben rasgos del héroe épico, caracterizados por el
valor, la inteligencia o el papel de víctimas de la injusticia social.
Nostálgico del coraje, Borges le rinde tributo, provocativamente,
colocándolo en cabeza de hombres anónimos, grises, marginados
o buscados por la ley, a cuya aplicación lanza irónicas y ácidas
críticas a través de las desventuras de esos personajes.
Este mecanismo borgeano de inversión de valores, de
cambiar el lugar donde estos habitan, retratando virtudes éticas
en la marginalidad, permite enunciar que su literatura anticipa
el estallido epistemológico que se produciría muchos años
después con la irrupción crítica en el horizonte teórico de la
criminología. Su estética (metodología) del prisma se adelantó,
en varias décadas, a la irrupción del marco interpretativo
del criminólogo en la búsqueda de sentido a la realidad
criminológica, que pasaba a ser relativa, inestable, paradójica o
contradictoria.
Este cambio de paradigma criminológico se produjo -recién-
en los años sesenta del siglo XX, con la entrada en escena de una
sociología norteamericana altamente innovadora, que denunció
la falacia de la naturaleza objetiva positivista (estética pasiva
del espejo), y optó por observar tanto el delito como la reacción
social a través del prisma del signicado y la cultura (estética
activa del prisma). Kai Erikson, Edwin Lemert, Howard Becker,
Erving Goffman y David Matza con el prisma de las teorías de
las subculturas, el interaccionismo simbólico, el labeling theory
y la reacción social, inquietaron el sólido suelo positivista
interpretando el delito como categoría normativa antes que
patología de la naturaleza, el delincuente como producto de un
proceso de etiquetamiento, la realidad construida socialmente,
la respuesta estatal generadora de delitos y delincuentes.
124, nota 3). En “Anatomía de mi ‘ultra’” reriéndose a su lírica dice “anhelo un
arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que
la preceden.” (p. 95).
48
AlejAndro Poquet
Al entrar en contacto con Europa pocos años después, esta
sociología de la desviación norteamericana fue la base impulsora
de los textos críticos de criminología europea que comenzaron
en la década del 70 del siglo XX, en forma sistemática a partir
del libro La nueva criminología de los ingleses Ian Taylor, Paul
Walton y Jock Young (1973)62, con la propuesta de politizar
el delito, sacar a la criminología del connamiento técnico y
articialmente segregado al que estaba sometida, vincular las
causas de la desviación con la forma de los ordenamientos
sociales, para ser consagrada esta nueva criminología a la
erradicación de las desigualdades de riqueza y poder.
Los trabajos posteriores insertos en esta nueva ciencia
emprendieron un fuerte cuestionamiento al modo en que el
Estado y sus agencias burocráticas imponen el orden público.
Problematizan el concepto de delito, sacándolo del campo
natural u ontológico y devolviéndole su naturaleza política,
para denunciar la notoria discriminación en el actuar policial,
penitenciario y judicial, en contra de los más desfavorecidos
socialmente, generalmente autores de los delitos menos
trascedentes. Esto conlleva el resultado práctico de fortalecer
la división de clases y ocultar la existencia de ilícitos de mucha
mayor gravedad vinculados con el poder político o económico.
Ese pensamiento crítico de confesada ascendencia marxista,
se trasladó casi de inmediato a América Latina gracias a los
trabajos pioneros de las venezolanas Rosa Del Olmo y Lola
Aniyar de Castro, quienes en la misma década del 70 del
siglo anterior propusieron una ruptura con el objeto de la
criminología positivista, centrado en la biología y la psiquis del
delincuente para no estorbar la legitimación del orden social
y económico impuesto por el capitalismo. Así plantearon la
necesidad de cambiar esas condiciones a través de la elaboración
de una teoría crítica del control social en el marco de una nueva
“criminología de la liberación”63.
62 El título original en inglés es The new criminology: for a social theory of deviance
(1973). En español se publicó como La nueva criminología. Contribución a una
teoría social de la conducta desviada (Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001).
63 V. Lola Aniyar de Castro, Criminología de la Liberación. Maracaibo Ediciones del
Vicerrectorado Académico y del Instituto de Criminología de la Universidad
del Zulia, 1987.
49
Borges y la criminología
Borges ya había escrito la mayor parte de su literatura antes del
orecimiento de la sociología de la desviación norteamericana
y de la criminología crítica europea. En consecuencia, esos
elementos literarios que minan las bases cientícas, ideológicas
y losócas del positivismo criminológico dominante en la
época de gran parte de esa producción literaria, anticipan el
entramado de una teoría crítica en materia criminológica.
Dentro de esta teoría crítica corresponde incluir al denominado
abolicionismo penal, en tanto en la obra borgeana existen
enunciados y dispositivos que llevan la crítica a un extremo
que también se adelanta a postulados de esa corriente (anti)
criminológica64. Esta especie de anarquismo punitivo (aunque
no jurídico)65 surgido en la década del 70 del siglo veinte con
el libro pionero del noruego Thomas Mathiesen (The Politics of
Abolition, 1974)66 y con los trabajos del connacional Nils Christie
y del holandés Louk Hulsman, propuso el n de la cosmogonía
represiva con sus delitos, penas, cárceles, lógica y lenguaje
penal.
No debería causar sorpresa la búsqueda de anidades
entre este abolicionismo y la obra de Borges, si se parte de su
narración del delito como misterio y del delincuente como
abstracción legal, como luego se analizará. Menos aún si se tiene
presente su conocida esperanza acerca de la desaparición de
los gobiernos, derivado del anarquismo spenceriano trasmitido
tempranamente por su padre y por su admirado Macedonio
Fernández, manteniendo aún esta utopía al prologar una obra
de su vejez temprana, en la cual vuelve a profetizar: “Creo que
con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos”67.
Es verdad que él mismo se encargó en ese prólogo de
distanciarse del antiguo predicador de parábolas o de la actual
64 Alejandro Poquet, “El abolicionismo penal: un pensamiento (anti) criminológico
a la intemperie”. En su: Temas de derecho penal y criminología. Buenos Aires: Ediar,
2005, pp. 119-160.
65 Postular el n de la represión penal no signica, necesariamente, fomentar
la abolición de cualquier otra coacción jurídica; su identicación es un error
conceptual producido “por apresuramiento u omnipotencia penalista o
panpenalista” (Eugenio Raúl Zaffaroni; Alejandro Alagia; Alejandro Slokar,
Derecho Penal. Parte General. Buenos Aires: Ediar, 2000, p. 347).
66 Thomas Mathiesen, The Politics of Abolition. London: Martin Robertson, 1974.
67 Jorge Luis Borges, “Prólogo”. En: El Informe… (ya cit., p. 399).
50
AlejAndro Poquet
categoría de escritor comprometido, no obstante tal como una
sentencia suya predica, “lo que decimos pocas veces se parece
a nosotros”68, y su desconanza hacia el Estado y los gobiernos,
su rechazo a una realidad caótica producto de la modernidad,
su aversión a cualquier tipo de totalitarismo, hicieron que su
obra también permitiera una lectura en clave política, como la
realizada por Sarlo69, si bien escondida detrás de fantásticas
tramas tendientes a “causar asombro” para lograr el “hecho
estético” (como los libros de su imaginario Herbert Quain)70, o
detrás de cuentos con la pretensión de “distraer y conmover y
no persuadir”71.
Aunque ¿asombrar, distraer y conmover no es una forma
efectiva de persuadir?
II. 6. la develacIón lIterarIa del vacIlante suelo penal y
crIMInológIco
La obra de Borges no necesita de una interpretación
criminológica para ir más allá de los connes literarios. No
ocurre lo mismo con los saberes jurídico penal y criminológico
que, encerrados en ellos mismos, parecen haber agotado sus
posibilidades teóricas con conceptos que, a pesar de su fracaso
histórico, se siguen repitiendo a la manera de dogmas sagrados.
Por esa impotencia gnoseológica, la búsqueda de elementos de
criminología en la obra de Borges persigue el n de develar
el carácter vacilante del orden penal y criminológico. De este
modo, con la consciencia de una realidad vacilante, existe la
posibilidad de renovación de las preguntas que se suelen
formular en torno a la violencia. Este n no es otro que el que
aparece en el contenido del epígrafe de Michel Foucault que
encabeza este capítulo, reducido a una de las derivaciones del
orden general que reere el lósofo en la relación entre “las
68 Ídem, “Ulrica”. En: El libro de… (ya cit., p. 17).
69 Beatriz Sarlo, Ob.Cit., p. 177-204.
70 Jorge Luis Borges, “Examen de la obra de Herbert Quain”. En: Ficciones (ya cit.,
pp. 461-464).
71 Ídem, “Prólogo”. En: El informe… (ya cit., p. 399).
51
Borges y la criminología
palabras y las cosas”: la relación entre las palabras y el orden
violento72.
Para alcanzar la muestra de la vacilación de la naturaleza o
del ser del orden punitivo, se utiliza un material teórico original,
hecho de personajes de cuentos, imágenes, metáforas, tramas,
reexiones y cciones, bajo las formas literarias de la narrativa e
-incluso- lírica. El desafío, inicialmente, bien puede representar
una paradoja o ironía borgeana: conmover el orden que se
encarga de la materia más densa como la realidad violenta con
una herramienta alada como la literatura. No obstante, existen
razones internas y externas a la disciplina criminológica que
estimulan este camino con pronóstico esperanzador.
En primer lugar, porque este camino ya ha sido recorrido
-aunque parcialmente- por algunos pensamientos críticos
sociológicos y criminológicos como la denominada “criminología
cultural”, que el positivismo social post lombrosiano no exento
de tintes genéticos73, terminó desterrando a un rincón de la
historia. Además, porque no existe ciencia por “dura” o “natural”
que sea (dos extremos que no alcanzan a la criminología: ni
ciencia ni natural) que no haya recurrido en auxilio a elementos
de la literatura como se demostrará oportunamente.
El riesgo de este entrecruzamiento interdisciplinario reside
en la utilización del arte como mecanismo de encubrimiento de
un determinado estado de cosas o de distracción a través del
mero juego o placer estético, imputación de la que Borges no
pudo salir indemne74. Para no desviar el camino, la nalidad de
mostrar la vacilación del orden criminológico debe ser alcanzada
siguiendo el señalamiento de los elementos críticos, caminando
con el aplomo y seguridad que brinda la tradición teórica en
la cual se ha enmarcado este esbozo criminológico borgeano.
Sólo entonces y bajo esas condiciones epistemológicas se puede
72 Alan Pauls también destaca en Borges la radical “inestabilidad” que afecta a
toda relación de propiedad con el saber y la cultura, entre el orden y el caos, la
necesidad y el azar, la razón y la insensatez (Ob.Cit., pp. 91-93).
73 The Bell Curve de Richard Herrstein y Charles Murray postula una causalidad
criminal determinada por falta o disminución de inteligencia, la cual tiene una
base genética que varía según la raza. Publicado en 1994 es uno de los libros
de ciencia social más vendidos en los últimos veinte años (Cfr. Jock Young, La
imaginación criminológica. Madrid;Buenos Aires: Marcial Pons, 2015, p. 96).
74 Adolfo Prieto citado por Ana María Barrenechea. Ob. Cit., p. 106.
52
AlejAndro Poquet
compartir, sin peligro, la premisa de esta literatura sobre una
realidad inuida por el idealismo, como sucede en las regiones
más antiguas del planeta Tlön75, donde no hay sustantivos sino
adjetivos que se acumulan (¿teoría del etiquetamiento en forma
pura?), curiosamente cercano a “la cultura como un verbo en
vez de sustantivo” de la criminología yungiana76. O aquella otra
premisa consistente en que el orden estético de las cosas, como
narra el personaje de uno de sus cuentos de cción, puede ser
un camino para descubrir la verdad77.
Ideas que transforman la realidad y una estética como camino
a la verdad son la lógica consecuencia de una literatura en
la cual forma y fondo se confunden, de manera tal que en la
estética anida una ética en cada uno de los géneros ejercidos,
incluso en la poesía tal como el mismo Borges lo admitió.
Así como el texto de Borges motivó a la investigación
arqueológica de Foucault a restituir “a nuestro suelo silencioso
e ingenuamente inmóvil sus rupturas, su inestabilidad,
sus fallas”78, se abriga la esperanza de que una lectura en
clave criminológica de toda esa obra literaria “inquiete el
suelo” conceptual que pisa con tanto aplomo esta disciplina
globalmente positivista, dejando entrever el desorden y las
falacias que acechan bajo el orden empírico y el carácter tosco
del código que lo instaura.
75 Jorge Luis Borges, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. En: Ficciones (ya cit., p. 439).
76 Jock Young, La imaginación criminológica (ya cit., p. 165).
77 Jorge Luis Borges, “El inmortal”. En: El Aleph. En su: Obras completas, t. I (ya cit.,
p. 543).
78 Michel Foucault, Las palabras y las cosas… (ya cit., p. 18).
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